Misericordia vs. Lástima
Muchos confunden lástima con misericordia, pero son muy diferentes:
La lástima solo hace que alguien acompañe el llanto del que sufre, acaricie su ego y lo consuele superficialmente, pero nada cambia en su vida, porque permanece de la misma manera.
La misericordia, en cambio, es lo que el Señor Jesús nos Enseña en los Evangelios: ayudar al que sufre a entender lo que debe dejar de hacer y lo que debe comenzar a hacer. La misericordia guía hacia la Transformación, no hacia la autocompasión.
Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le Dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús Dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate! El que había muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Lucas 7:13-15
Observá los detalles que llevaron al Señor Jesús a hacer 5 cosas:
Le Dijo que no llore: «… No llores».
Se acercó y tocó el féretro: «… acercándose, tocó el féretro…».
El entierro se detuvo: «… se detuvieron…».
Le dio una orden al joven que estaba muerto: «… Joven, a ti te digo: ¡Levántate!».
Devolvió al joven a su madre: «… Jesús se lo entregó a su madre».
La verdadera misericordia no es pasiva, implica acción, orientación, desafío, discernimiento y firmeza espiritual:
Con los que dudan: paciencia y enseñanza.
Con los que están en peligro: intervención urgente para salvarlos.
Con los que están contaminados: misericordia con temor, sin aceptar el pecado.
Y tened misericordia de algunos que dudan; a otros, Salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne. Judas 1:22-23
La Bendición de ser Misericordioso:
La misericordia no es debilidad, es fuerza espiritual que refleja el Carácter de Jesucristo.
“Y a aquel que es Poderoso para Guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de Su Gloria con gran alegría”. Judas 1:24
El Señor Jesús nos guarda, nos limpia y nos presenta sin mancha. Así también, cuando ejercemos misericordia correctamente, ayudamos a otros a ser guardados y presentados delante de Dios.
¿Cómo aplicar la misericordia en la vida diaria?
1. En la familia
No es tener lástima de un hijo que se equivoca, sino enseñarle con firmeza y amor el camino correcto.
Ejemplo: Si un hijo se queja de disciplina, la misericordia no lo consiente, sino que lo guía a entender que la corrección es por su bien.
2. En la iglesia
No es tenerle pena a un Miembro, Evangelista o Voluntario que duda, sino ayudarlo a fortalecer su fe con la Palabra, orientación práctica sobre lo que necesita hacer y la oración.
Ejemplo: Si alguien se desanima, la misericordia no lo deja en su tristeza, sino que lo anima a perseverar y confiar en Dios.
3. En la sociedad
No es mirar con lástima a un necesitado, sino mostrarle cómo puede cambiar su vida con fe y obediencia a Dios.
Ejemplo: Ayudar a un adicto o una persona en situación de calle no es solo darle comida y abrigo, sino guiarlo a dejar el vicio, encontrar trabajo y buscar la liberación en Jesucristo.
No te olvides:
La lástima alimenta el ego del que sufre, pero no cambia nada.
La misericordia confronta, enseña, rescata y transforma.
Ser misericordioso es reflejar el Amor de Jesucristo, que no solo consuela, sino que Libera, Salva y Guía hacia la Vida Eterna.
La verdadera misericordia no es sentir pena, es actuar en favor del otro y orientarlo en lo que debe hacer.
Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas



