Las 4 cosas más deseadas por la mayoría
Estas cuatro cosas representan los grandes deseos naturales del ser humano, pero que, por sí solas, no pueden llenar el alma, no garantizan la felicidad, ni pueden darle dirección a la vida.
Sin importar la cultura, el país, la condición social o el nivel económico, la mayoría de las personas persigue, de una manera u otra, cuatro grandes cosas:
1. Riquezas: buscando seguridad y bienestar
Las personas quieren dinero, bienes, comodidad y estabilidad. Quieren sentirse seguras, no depender de nadie y tener la tranquilidad de que mañana no les faltará nada.
Y no hay nada malo en prosperar. El problema es pensar que el dinero puede sustituir la Bendición.
Esaú tenía una herencia extraordinaria. Era hijo de Isaac y nieto de Abraham. Tenía un futuro material asegurado.
Sin embargo, todo lo que podía poseer no consiguió darle paz ni satisfacción interior.
Se puede tener mucho en las manos y, aun así, tener un vacío en el alma.
2. Belleza y apariencia: buscando salud, fuerza y vigor
El ser humano también desea ser bello, fuerte, atractivo y admirado.
Esaú era, exteriormente, un hombre fuerte. Era un cazador, un hombre de campo, vigoroso y hábil. Tenía aquello que muchos admiran: fuerza, capacidad, coraje y una apariencia que transmitía poder.
Pero la fuerza exterior no resolvió su debilidad interior.
Porque una persona puede cuidar su cuerpo, su apariencia y su imagen, pero, si no tiene la Bendición de la Primogenitura, es decir, la Presencia y la Dirección del Espíritu de Dios, seguirá siendo vulnerable en lo que realmente importa: sus decisiones, sus sentimientos y su alma.
Su belleza, salud y vigor sin la Presencia de Dios serán usadas para las fantasías, la promiscuidad y la vanidad.
¿De qué sirve tener un cuerpo fuerte y belleza si el interior está dominado por la amargura, la bronca y los traumas?
3. Tener personas a sus pies: buscando placer, conquista y admiración
Muchos hombres desean ser deseados, tener mujeres, conquistarlas y usarlas. Muchas mujeres desean tener hombres a sus pies, sentirse admiradas, deseadas y buscadas.
Pero ser deseado no significa ser amado.
Esaú también tuvo mujeres. Sin embargo, sus relaciones no le trajeron felicidad, tampoco les dio alegría a sus padres; al contrario, solo les causó amargura, vergüenza y dolor, tanto a Isaac como a Rebeca.
Esto nos enseña algo muy importante: Conquistar a alguien no significa haber conquistado la felicidad.
Una persona puede tener compañías y, aun así, sentirse sola. Puede ser deseada por muchos y, aun así, no sentirse realizada.
4. Fama y nombre: buscando reconocimiento
La cuarta gran ambición es tener un nombre: ser reconocido, admirado y respetado.
Las personas quieren dejar su marca. Quieren que hablen de ellas, que las recuerden y que reconozcan su importancia.
Pero también esto puede convertirse en una ilusión.
Porque ¿de qué sirve tener un gran nombre delante de las personas si delante de Dios la persona perdió lo que era más valioso?
Esaú tenía apellido de nieto de Abraham, hijo de Isaac, herencia, posición y todo lo necesario para construir una vida destacada. Pero, al despreciar la Bendición de la Primogenitura, perdió justamente lo que ninguna herencia material, riqueza, belleza, fuerza, valentía, conquista o fama podía comprar.
Esaú tuvo estas cuatro cosas, pero no tuvo la Bendición
Y aquí está el punto central de esta Revelación:
Esaú llegó a tener lo que el mundo más desea, pero no fue feliz ni realizado.
- Tuvo riquezas.
- Tuvo fuerza y vigor.
- Tuvo mujeres.
- Tuvo nombre y herencia.
Pero nada de eso pudo sustituir la Bendición de la Primogenitura.
Por eso, vemos a un hombre que, teniendo tanto, terminó dominado por la amargura. Llegó a despreciar conscientemente a Dios, insultar a sus padres, y al punto de desear la muerte y de planear matar a su propio hermano.
Es decir:
Cuando una persona tiene todo lo que deseaba, pero no tiene la Bendición de hijo, la Primogenitura, puede descubrir que, aun habiendo heredado, conquistado mucho, sigue vacía.
Y Esaú tampoco produjo la alegría que sus padres esperaban de un hijo. Sus decisiones causaron tristeza y amargura tanto a su propia alma como a su familia en general.
Jacob, en cambio, no tenía ninguna de estas cuatro cosas.
Cuando Jacob salió de su casa, huyendo de Esaú, ¿qué tenía?
- No tenía riquezas.
- No tenía belleza ni fuerza como su hermano Esaú.
- No tenía mujeres.
- No tenía fama ni un nombre reconocido.
- No tenía nada de aquello que el mundo considera indispensable para ser “feliz”.
Pero tenía algo que Esaú había despreciado: La Bendición de la Primogenitura.
Y esa Bendición no era simplemente recibir una propiedad o una herencia material, sino tener una relación directa con el Padre Celestial, recibir Su Dirección, saber que Dios estaba con él y vivir bajo la Palabra del Altísimo. (Génesis 28:10-22)
Por eso Jacob pudo enfrentar la soledad, el miedo, la miseria, la persecución de su hermano, los engaños de su tío y jefe, la envidia de los hijos de su tío y los 14 años de trabajo sin remuneración.
Jacob no fue perfecto. Cometió varios errores. Pero hay una gran diferencia:
- No maldijo a nadie.
- No murmuraba.
- No le echó la culpa a nadie de sus errores.
- No abandonó a Dios.
- No dejó de honrar su propia palabra.
- No dudó del Cumplimiento de las Promesas de Dios en su vida.
Aprendió. Maduró. Fue Transformado.
El hombre que un día engañó, más adelante pudo decir que no quería enriquecerse injustamente. El hombre que salió de su casa huyendo, regresó transformado. El hombre llamado Jacob terminó llamándose Israel.
La verdadera realización no está en tener, sino en ser Bendecido.
Este es el gran contraste entre los dos hermanos:
- Esaú tuvo muchas cosas, pero no tuvo la Bendición.
- Jacob tuvo la Bendición, y por eso pudo superar la falta de personas y cosas.
Esaú nos muestra que se puede tener mucho y perderse a uno mismo.
Jacob nos enseña que, cuando una persona tiene la Bendición de la Primogenitura (Dios como Padre Celestial), aunque atraviese desiertos y pierda personas, cosas, lugares, no está perdida. Porque la Bendición le da dirección cuando no sabe qué hacer, le da fuerza cuando está débil, le corrige cuando se equivoca, le enseña a vencer sus fallas y le da la capacidad de perseverar hasta ser Transformado.
- Las muchas conquistas sin la Bendición de la Primogenitura pueden causar muchas frustraciones.
- La belleza sin la Bendición de la Primogenitura puede alimentar la vanidad.
- Las conquistas sin la Bendición de la Primogenitura pueden producir vacío.
- La fama sin la Bendición de la Primogenitura puede terminar en soberbia.
- Pero la Bendición de la Primogenitura coloca a Dios en primer lugar, y entonces la persona aprende a vivir correctamente, con o sin abundancia; siendo conocida o desconocida; siendo admirada o ignorada.
Pensemos en lo siguiente: Esaú tuvo lo que muchos quieren y terminó amargado. Jacob no tenía lo que el mundo desea, pero tenía lo que el mundo no puede comprar: la Bendición de la Primogenitura.
Por eso, la pregunta no debe ser solamente:
“¿Qué quiero conquistar en la vida?”, sino: “¿Qué estoy dispuesto a hacer para no perder aquello que es más valioso?”.
Porque el dinero se puede ganar y perder, la belleza pasa, las personas pueden irse, la fama puede desaparecer. Pero quien tiene la Bendición de la Primogenitura —la Presencia y Dirección de Dios en su interior— tiene lo que puede preservarlo durante toda la vida y conducirlo a la Eternidad.
Esaú lo tuvo todo, pero despreció lo principal. Jacob perdió todo, pasó por muchas luchas, pero valoró y guardó las cuatro cosas principales para Dios:
- Su fe (obediencia).
- Su palabra honrada (cumplía lo prometido).
- Su voto a Dios (devolvía las Primicias).
- Su gratitud (no se aferró a personas, cosas o lugares).
- Y, al fin y al cabo, fue justamente aquello que Jacob valoró lo que lo sostuvo, lo transformó y lo hizo ser una persona realizada.
Hacé un voto de ser fiel al Señor, honrá tu propia palabra y la Palabra de Dios, y verás la diferencia entre el antes y el después en tu vida.
Decí: «¡Betel, Puerta del Cielo abierta sobre mí!».
Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas



