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Parte 3 – Orar con constancia

17 de junio 2026

Parte 3 – Orar con constancia

Orar con constancia, que es: arar espiritualmente la mente y el corazón. Este arar consiste en sacar a la luz y desenterrar cosas feas y sucias que sofocan la Semilla de la Palabra de Dios en uno.

Si vuelves al Todopoderoso, serás restaurado. Si alejas de tu tienda la injusticia. Job 22:23

La oración constante no es solamente repetir palabras o cumplir una rutina religiosa. Es mantener una comunión diaria con Dios, permitiendo que Él examine nuestro interior y nos muestre aquello que necesita ser transformado.

La constancia vence las vallas, los contratiempos y hasta el propio talento.

Muchas personas comienzan con entusiasmo, pero solo quienes perseveran alcanzan resultados duraderos. Lo mismo sucede en la vida espiritual. No es una oración aislada la que fortalece la fe, sino la práctica constante de buscar a Dios, aun cuando no tengamos ganas o cuando las circunstancias parezcan difíciles.

Hay que ser constantes.

Cada momento de oración fortalece nuestra relación con Dios y nos ayuda a mantener el corazón sensible a Su Voz. La restauración prometida por Dios en este versículo está relacionada con volver a Él diariamente, con sinceridad y perseverancia.

Guardá esto de por vida: igual que un deportista que entrena cada día para mantenerse fuerte, la oración diaria mantiene el corazón blando y listo para recibir la Semilla.

La disciplina espiritual produce frutos que muchas veces no se ven de inmediato, pero que con el tiempo transforman completamente la vida de una persona.

Y sucederá que todo aquel que invoque el Nombre del SEÑOR será Salvo; porque en el Monte Sión y en Jerusalén habrá Salvación, como ha Dicho el SEÑOR, y entre los sobrevivientes estarán los que el SEÑOR Llame. Joel 2:32

Dios continúa Llamando a todos los que desean acercarse a Él. Quienes perseveran en la oración mantienen vivo ese vínculo con el Padre y permanecen preparados para escuchar Su Voz y obedecer Su Voluntad.

Decí en voz alta: “El corazón duro no recibe la Semilla”.

La oración constante ablanda el corazón, fortalece la fe y prepara el terreno para que la Palabra de Dios crezca, dé fruto y produzca una verdadera transformación.

Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas

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