¿Cuál es el momento oportuno?
No debemos ignorar que el ser humano tiene limitaciones externas. Sin embargo, aun en medio de ellas, sigue siendo responsable de sus decisiones y dueño de sí mismo.
Muchas veces las personas hablan de la falta de oportunidades, de tiempo, de educación, de recursos o de motivación. Pero rara vez enfrentan una verdad incómoda: gran parte de sus limitaciones son consecuencia de prioridades mal ordenadas, del miedo a obedecer la Palabra de Dios, del temor a sacrificarse por lo que Él ha Prometido o de la costumbre de esperar condiciones ideales para actuar, condiciones que muchas veces nunca llegan.
La mentalidad del Pueblo del Dios Vivo está por encima de lo común. Esto no significa vivir endurecido emocionalmente ni ignorar el dolor, sino aprender a actuar aun en medio de la incomodidad, la presión, las críticas, el cansancio, las persecuciones y las limitaciones.
Es la decisión de no depender de la comodidad, de las personas, del Gobierno o de las circunstancias para cumplir con el deber. Mientras muchos esperan beneficios, ayuda o el momento oportuno para comenzar, el Diezmista actúa. Aunque no tenga ganas, aunque no tenga recursos o aunque nadie esté a su lado, él da el primer paso, y Dios coloca el suelo debajo de sus pies.
Los Diezmistas entienden algo fundamental: las circunstancias no siempre están bajo nuestro control, pero nuestra reacción sí. Esa conciencia destruye la mentalidad de víctima. Porque cuando una persona deja de enfocarse en lo que le falta, en lo que falló o en quienes no la ayudaron, apoyaron ni creyeron en ella, comienza a usar lo que tiene. Y es exactamente allí donde descubre talentos, oportunidades y puertas que antes permanecían ocultas detrás de las excusas.
Esto no es una teoría; aparece claramente en las Sagradas Escrituras. Así es como el Padre Celestial Trabaja. El apóstol Pablo escribió muchas de sus cartas estando preso, limitado físicamente, perseguido y bajo constante presión. Aun así, declaró:
… he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Filipenses 4:11
Observá estas palabras:
• “He aprendido”. Aprender requiere humildad, disposición y práctica. No es algo automático.
• “Contentarme”. Esto no significa conformarse, maldecir, murmurar o vivir con miedo, sino vivir con fe, fidelidad, confianza, disciplina interior y constancia.
• “Cualquiera”. Es decir, no importa si las circunstancias son favorables o desfavorables, si existe apoyo o crítica, si el momento es fácil o difícil.
• “Mi situación”. Cuando nuestra condición espiritual es disciplinada, fiel, agradecida y constante, las situaciones no nos dominan ni nos debilitan; al contrario, nos fortalecen.
La mentalidad débil, propia de quienes no son fieles a Dios ni a sus propios compromisos, siempre negocia con la responsabilidad:
– “Mañana empiezo”.
– “Cuando tenga más tiempo”.
– “Cuando todo mejore”.
– “Cuando tenga más dinero”.
– “Cuando me sienta preparado”.
– “Cuando tenga un mejor trabajo”.
– “Cuando tenga más conocimiento”.
Pero la mentalidad fiel es fuerte y entiende que la vida real se da en medio del caos, la presión, las imperfecciones y las adversidades. Nunca existirá el momento perfecto para transformarse y desarrollarse.
Por eso, el problema no es que muchas personas no logran avanzar, sino que quieren avanzar sin incomodarse, crecer sin sacrificarse y vencer sin fidelidad, disciplina y perseverancia. ¡Pero eso no existe!
La verdadera fuerza comienza cuando el ser humano deja de preguntarse: “¿Por qué me pasa esto?”; “¿Por qué no sucede lo que deseo?”, y comienza a preguntarse: “¿Qué voy a hacer con esto?”; “¿Qué puedo y debo hacer hoy?”.
Así es como nace una mente verdaderamente libre. Porque quien está entregado a Dios no se limita solo a devolver los Diezmos, sino que se entrega cien por ciento a Él.
Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas



