10 de enero
Nuestra boca debe ser usada para bendecir y no maldecir, para evangelizar y no juzgar.
Cuidado, porque las palabras tienen poder, son como flechas que, una vez lanzadas, no vuelven.
El primer pensamiento que pasó por la mente de Isaac, impulsado por la crisis y el momento difícil de sequía y hambre, fue «descender a Egipto».
La vida del verdadero seguidor del Dios Vivo es basada en la verdad. Él enfrenta las consecuencias de la verdad, pero no se doblega ante la mentira.
Los que honran y sirven al Dios vivo tienen motivos de sobra para alegrarse…
Los que el Altísimo escogió fueron llamados a la santidad, es decir, a guardarse de todo tipo de corrupción e inclinación pecaminosa.
Sea sincero en lo que sale de su boca. ¡Y comience a disfrutar de las maravillas de vivir una vida recta ante Dios!
Establezca sus metas y presénteselas a Dios, porque sin Él todos los planes se frustrarán.