Lo de afuera puede desaparecer…
Pero no estas 11 cosas que construís dentro de vos. A continuación, te revelaré lo que he aprendido durante estos 53 años:
Todo lo que está fuera de vos —amigos, títulos, posesiones, dinero, estatus social— puede desaparecer en cualquier momento, pero lo que construís dentro de vos nadie puede quitártelo.
Y eso es lo que tu pareja, tus hijos, tus padres y tus hermanos admiran. Si querés una vida matrimonial y familiar fuerte, estable y con sentido, enfocate en desarrollar lo que permanece.
Primero, tu carácter.
• No somos lo que tenemos, no somos lo que sabemos, somos lo que hacemos cuando nadie nos ve.
• El carácter es lo único que resiste cuando todo lo demás cae, falla o desaparece.
• Nuestro carácter revela quién somos, por qué hacemos lo que hacemos, por qué vivimos y cuál es nuestra verdadera prioridad y esperanza.
Segundo, tu fe.
• Cuando en ciertos momentos de la vida todo se oscurece, no entendemos nada o casi nada y la situación es crítica, la fe inteligente, basada en las Sagradas Escrituras, nos mantiene firmes en el Camino de la Justicia, la Misericordia y la Fe; esto nos capacita para caminar con seguridad y fuerza.
• La fe no niega las dificultades, pero nos recuerda que no es el final, que todo pasa, que todo le es posible al que cree.
• Mientras más grandes son los desafíos, las decepciones sufridas y las tribulaciones, más fuerte se vuelve nuestra fe, cuando la ejercitamos con sinceridad y no religiosidad.
Tercero, tu conocimiento.
• Todo lo que aprendemos y practicamos se queda en nosotros para siempre.
• Nadie puede robarnos una mente transformada por el Espíritu Santo, la mente de Cristo, formada a la Luz del Evangelio por medio de aprendizajes inteligentes.
• Cuanto más aprendemos de nuestro Padre Celestial, más entendemos y cambiamos para mejor. De esta manera, dependemos menos de las personas, de las cosas y de las circunstancias favorables.
Cuarto, tu disciplina.
• Hacer lo correcto con o sin ganas, sin aplausos, sin exhibirse en las redes sociales, sin excusas y sin el apoyo de las personas del trabajo, de la comunidad o del Grupo del que forma parte en la Iglesia.
• La disciplina fortalece y levanta lo que las emociones, las fantasías y la fe emotiva no logran sostener.
Quinto, tu mentalidad.
• No podés controlar todo lo que sucede ni cómo se comportan las personas a tu alrededor, pero sí podés decidir cómo interpretarlo y cómo reaccionar.
• Esa interpretación en la fe puede levantarte, fortalecerte y ayudarte a madurar. En cambio, la emoción puede hundirte.
Sexto, tus habilidades.
• Lo que practicás con constancia, fe y amor deja de ser esfuerzo y se convierte en parte de vos. Todos lo notan, fluye normalmente de tu interior.
• La maestría no se improvisa, se construye una y otra vez, todos los días.
Séptimo, tu resiliencia.
• La vida golpea. La gente critica y se burla… Eso es seguro. Pero tu fuerza se mide en cuántas veces decidís levantarte una vez más.
• No te des por vencido por cometer un error, tropezar o equivocarte…
Octavo, tu autoconocimiento.
• Entenderte es gobernarte. Saber dónde fallás, que tenés que mejorar o cambiar, ver qué te mueve y qué te debilita, es el inicio del verdadero dominio propio.
• Es aprender y no volver a cometer los mismos errores.
Noveno, tu creatividad.
• Pensar diferente, ver lo que otros no ven.
• Tu capacidad de crear es una de las pocas riquezas que no se agotan. Valorala y usala a tu favor.
Décimo, tu confianza.
• No la que depende de tu capacidad, de tus experiencias, de tus recursos o de la aprobación externa, sino de la que nace de saber quién sos y dónde estás parado.
• Cuando elegimos confiar en Dios y en quién somos delante de Él, nace una Fuerza sobrenatural en nuestro interior.
Undécimo, tu gratitud.
• Porque quien no valora lo que tiene, nunca estará en paz, aunque consiga más. Nunca estará satisfecho con los demás.
• La gratitud ordena y equilibra el corazón y nos ayuda a proyectar un futuro mejor.
• La gratitud nos hacer ver, entender y apreciar el lado bueno de las personas, la belleza de la vida y las oportunidades en medio de las dificultades.
Llego así a la conclusión de que la inversión más sabia y segura que podés hacer en tu vida es en vos mismo (fe, esperanza y amor en Dios), sin depender de nada ni de nadie, ni siquiera de las circunstancias.
Porque todo lo que construís en tu mente (espíritu), en tu alma (corazón) y en tu carácter (vida, prioridades) permanece para siempre.
Como bien Dijo el Autor de la Vida, el Señor Jesús:
… porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Mateo 6:21
Entonces, la pregunta no es si estás construyendo algo, sino dónde está tu tesoro.
Fuerza, Dios está con vos y yo también. ¡Eia!
Nos vemos en breve, ¡en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas



