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La Luz de la Vida

18 de abril 2026

La Luz de la Vida

La urgencia de recibir al Espíritu Santo…

… Todavía, por un poco de tiempo, la Luz estará entre vosotros. Caminad mientras tenéis la Luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adónde va. Mientras tenéis la Luz, creed en la Luz, para que seáis hijos de la Luz… Juan 12:35-36

En estas Palabras, el Señor Jesús nos Revela una de las verdades más urgentes y solemnes del Evangelio: la necesidad inaplazable de caminar en la Luz mientras la Luz está disponible. Él no hablaba solo de Su Presencia física entre los Discípulos, sino de algo mucho más profundo: la oportunidad espiritual que Dios le concede al ser humano para recibir la Vida por medio del Espíritu Santo.

La Luz no es Eterna para quien la rechaza, la posterga o la descuida. Por eso el Señor Jesús Dice:

… Todavía, por un poco de tiempo, la Luz estará entre vosotros… Juan 12:35

Estas Palabras cargan una alerta, sentido de urgencia espiritual. Nos enseñan que no debemos tratar la Búsqueda del Espíritu Santo como algo secundario, opcional o futuro, sino como una necesidad presente, diaria y vital.

Caminar sin la Luz (el Espíritu Santo) es caminar sin dirección. El Señor Jesús afirma claramente: “El que anda en la oscuridad no sabe adónde va” (Juan 12:35).

Esto explica por qué tantas personas viven confundidas, errantes, tomando decisiones que las alejan de Dios, aunque afirman creer en Él. No es falta de religión ni de conocimiento, sino falta de Luz interior. Y esa Luz solo es posible a través del Espíritu Santo.

… creed en la Luz, para que seáis hijos de la Luz… Juan 12:36

Cuando el Señor Jesús Dice estas Palabras, establece una condición espiritual: solo quien cree recibe; y solo quien recibe se convierte. Ser “hijo de la Luz” no es un título religioso, sino una condición espiritual en la cual la persona Nasce de Nuevo y pasa a vivir Guiada por Dios, con discernimiento espiritual, temor santo y Comunión real con el Cielo, es decir, con las Cosas Espirituales.

Por eso, la gran necesidad del Pueblo de Dios en este tiempo no es adaptarse a la oscuridad del mundo, sino recibir y preservar la Luz de la Vida. Donde el Espíritu Santo habita, hay claridad espiritual, fuerza para vencer el pecado, superar los problemas, poder para resistir a los demonios y constancia para preservar la Salvación hasta el fin.

“Mi Pentecostés”: es una afirmación seguida de una actitud diaria de fe y búsqueda

En este contexto espiritual, la actitud de decir: “Mi Pentecostés” representa algo profundamente Bíblico: la obediencia, la confianza y la perseverancia en la Búsqueda del Espíritu Santo.

Por esta razón, la Unción en la cabeza diariamente con el Aceite de la Luz, Consagrado, realizada al despertar, no es un acto místico ni automático. Les enseño a los Pastores y al Pueblo en mis Reuniones que el Poder no está en el Aceite, sino en la actitud de obediencia, reverencia y fe que acompaña ese acto.

El aceite es un Símbolo Bíblico del Espíritu Santo que nos recuerda la necesidad de ser Ungidos interiormente por Él, así como los sacerdotes y Levitas del Antiguo Testamento se Ungían para servir en el Altar.

Al Ungir la cabeza y buscar al Espíritu Santo en oración, la persona está declarando delante de Dios:

“Necesito Tu Luz hoy. No quiero caminar por mis sentimientos (corazón), ni por mi razón, ni por mis experiencias pasadas. Quiero ser guiada por Tu Espíritu”.

Eso es Mi Pentecostés: vivir cada día como si fuera el día decisivo para recibir más de Dios, más de Su Presencia, más de Su Luz. Es no conformarse con haber tenido experiencias pasadas, sino desear una comunión renovada, avivada y constante con el Espíritu Santo.

Un detalle que muchos no notaron es que el Señor Jesús Pronunció estas Palabras y luego “Se fue y Se ocultó de ellos” (Juan 12:36). Esto nos enseña que la Luz no se impone, sino que se ofrece. Quien la valora, la busca, la sigue; quien la desprecia, la pierde.

Por eso, en el contexto espiritual, debemos ser claros:

  • Sin el Espíritu Santo, no hay Luz interior.
  • Sin Luz, la persona no sabe adónde va.
  • Solo los que creen en la Luz se convierten en hijos de la Luz.

Todos los días, Viviane y yo hemos orado para que, en este tiempo desde el Domingo de Resurrección, el 5 de Abril, hasta el Día de Pentecostés, el 24 de Mayo, los millones de personas que estuvieron en la Universal en todo el Mundo vivan con fe, temor santo, obediencia, determinación y sed espiritual, al igual que los primeros Discípulos que permanecieron en obediencia, oración y expectativa hasta que la Promesa se Cumplió. No fue un acto momentáneo, casual, sino un proceso de fe, entrega y dependencia total de Dios.

Porque todos los que Reciban la Luz de la Vida no serán sorprendidos por las tinieblas y tendrán garantizada la Vida Eterna en el Cielo de Dios.

Fuerza, Dios está con vos y yo también. ¡Eia!

¡Nos vemos en breve, en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas