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La Bendición de la Primogenitura: una relación directa con Dios

16 de agosto 2026

La Bendición de la Primogenitura: una relación directa con Dios

Dios quiere darnos la Bendición de la Primogenitura, que, espiritualmente hablando, está relacionada con recibir Su Espíritu, el Espíritu Santo, para que podamos conocer y comprender cuál es Su Buena, Agradable y Perfecta Voluntad.

El Espíritu Santo es Quien nos enseña, nos guía y nos revela los pensamientos de nuestro Padre Celestial. Él nos hace comprender Su voluntad, Su propósito y aquello que Dios espera de nosotros como hijos primogénitos.

Por eso, Dios no quiere que entre Él y nosotros haya nadie ni nada que ocupe Su lugar.

La figura del primogénito nos ayuda a entender esto: el primogénito era aquel que tenía una posición de cercanía, responsabilidad y comunión especial con su padre. Existía una relación directa entre el padre y el hijo.

Espiritualmente, Dios también desea esa proximidad con nosotros. Él no quiere que dependamos de intermediarios humanos para conocer Su voluntad; quiere tener una relación directa con nosotros por medio de Su Espíritu.

Y precisamente por eso está escrito:

Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre… 1 Timoteo 2:5

Jesucristo es el Primogénito y es el Único Mediador entre Dios y el ser humano.

Por lo tanto, si hemos recibido la Bendición de la Primogenitura espiritual, debemos valorar esa posición y cuidar nuestra relación con Dios. Nada ni nadie puede ocupar el lugar que Le corresponde exclusivamente a Dios en nuestra vida.

El primogénito espiritual entiende que su mayor privilegio no es simplemente recibir Bendiciones de Dios, sino tener acceso, comunión y dependencia directa de su Padre Celestial.

La Primogenitura nos acerca al Padre; el Espíritu Santo nos revela al Padre; y Jesucristo es el Único Mediador que nos lleva al Padre.

Por eso, entre Dios y nosotros no puede haber nadie ni nada.

En la práctica, ¿cuáles son las señales que damos delante de nosotros mismos, del Padre Celestial y hasta de los demonios, de que hemos recibido y asumido la posición de Primogénitos?

1.º Oramos a Dios al despertar.
Confiamos nuestra vida, nuestra familia, nuestros planes y nuestras necesidades en Sus Manos.

Obs.: Siempre concluimos esta oración matinal con el Padre Nuestro.

2.º Antes de comer, damos gracias a Dios.
Ya sea en el desayuno, almuerzo o cena, damos gracias por el pan de cada día de manera breve, pero directa.

Obs.: Al finalizar, pedimos por los Diezmistas y Ofrendantes de Su Obra Evangelística.

3.º Hacemos lo mejor de nosotros en todo lo que hacemos.
Ya seamos empleadores o empleados, hacemos todo como si fuera para el Padre Celestial.

Obs.: No buscamos el reconocimiento ni los halagos de los demás, porque nuestra recompensa viene de Dios.

4.º No consideramos nada como nuestro, sino que nos vemos como administradores temporales.
Nada hemos traído a este mundo y nada llevaremos de él.

Obs.: Nada es nuestro; sin embargo, tenemos la responsabilidad de cuidar y valorar todo aquello que Dios nos ha confiado, para que Su Obra sea patrocinada mediante los Diezmos, las Ofrendas y los sacrificios voluntarios.

5.º Antes de tomar decisiones importantes, y antes de reaccionar ante algo negativo, problemas o injusticias, buscamos la dirección del Espíritu Santo.
Nos preguntamos: “¿Qué quieres de mí, Espíritu Santo?”.

Obs.: No murmuramos, no maldecimos ni amenazamos. En todo damos gracias a Dios, porque sabemos que Él está en control de todas las cosas.

6.º No nos burlamos ni hacemos chistes con aquello que es Sagrado.
Esto incluye incluso aquello que puede parecer sencillo, como la Unción con Aceite Consagrado sobre la cabeza o los Propósitos de fe realizados en las Cadenas de Oración, utilizando elementos bíblicos para despertar y ejercitar la fe en las Promesas del Padre Celestial.

Obs.: Las cosas simples, cuando son espirituales y son valoradas con reverencia, nos ayudan a guardarnos de la vanidad, la soberbia y la incredulidad.

7.º No retenemos las Primicias que ya Le pertenecen a Dios para tener más dinero o más cosas.
Las devolvemos para demostrar, mediante nuestras actitudes, que Lo consideramos, Lo amamos y confiamos en que Él proveerá para todas nuestras necesidades.

No estamos aferrados a las cosas materiales, sino a las espirituales.

Por eso, antes de pagar, comprar o utilizar cualquier cosa de aquello que llega a nuestras manos —ya sea por una venta, un pago, un sueldo o una ayuda familiar—, lo primero que hacemos es separar los primeros frutos, el Diezmo, y, tan pronto como sea posible, llevarlo al Altar de la Casa de Dios.

Así devolvemos aquello que ya es Suyo, para que las Puertas de Su Casa permanezcan abiertas y Su Obra continúe enseñando a las personas la Palabra, la Voluntad y el Plan de Dios para sus vidas y para la sociedad en general.

La Primogenitura no se demuestra solamente por lo que recibimos de Dios, sino por la posición que asumimos delante de Él.

Quien entiende su Primogenitura busca a Dios primero, depende de Su Espíritu, honra Su Palabra, administra fielmente lo que recibió y coloca al Padre Celestial por encima de todo.

Nada ni nadie puede ocupar el lugar que Le corresponde exclusivamente a Dios.

Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas