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¿Cómo mantener la fe en medio del dolor?

5 de octubre 2026

¿Cómo mantener la fe en medio del dolor?

La fe no se prueba cuando todo está bien. La fe viva y pura se revela cuando el alma está “herida” y las respuestas no llegan en el momento que deseamos, pero, aun así, decidimos permanecer confiando y esperando en Dios.

Muchos creen que tener fe significa no sentir dolor, no tener pérdidas y obtener respuestas a su tiempo. Pero los hombres y mujeres de Dios lloraron, sufrieron y enfrentaron momentos de profunda aflicción y pérdidas. Además, tuvieron que esperar en medio del dolor.

La diferencia está en que no negaron su fe, no abandonaron su confianza en Dios, no murmuraron ni interrumpieron su vida con Dios.

Es importante que entiendas que el dolor no significa abandono.

Una de las primeras mentiras que surgen en la prueba es: “Si estoy sufriendo es porque Dios Se olvidó de mí”. Sin embargo, la Sagrada Biblia nos muestra que Dios estuvo con José en la prisión, con Daniel en el foso de los leones, con los tres jóvenes en el horno de fuego, con el Señor Jesús en el Getsemaní y con los Discípulos en las persecuciones y prisiones.

El dolor puede cambiar las circunstancias y a las personas que creemos conocer, pero no cambia la Fidelidad de Dios.

… Nunca te dejaré ni te desampararé. Hebreos 13:5

La fe permanece cuando recordamos que Dios está Presente, aun cuando no entendemos lo que nos pasa, cuando las cosas no salen como esperábamos o por el hecho de no “sentirLo”.

Aferrarse a la Palabra de Dios y no a los sentimientos

Los sentimientos cambian.

Un día nos sentimos fuertes; otro día, “débiles”.

Un día hay entusiasmo; otro, “desánimo”.

Pero la Palabra de Dios permanece Inmutable, Perfecta e Íntegra.

El cielo y la tierra pasarán, mas Mis Palabras no pasarán. Mateo 24:35

La fe madura no dice: “Creo porque siento”.

La fe madura dice: “Creo porque Dios lo Dijo”.

Recordar las victorias pasadas

Normalmente, suelo decir que David, antes de enfrentar a Goliat, les recordó a todos que Dios ya lo había librado del león y del oso.

La memoria espiritual fortalece la fe.

Cuando el dolor quiera convencerte de que nada cambiará, acordate de:

  • Lo que Dios ya hizo.
  • Las oraciones que respondió.
  • Las puertas que abrió.
  • Los libramientos que concedió.
  • Las Promesas ya Cumplidas.

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de Sus Beneficios. Salmos 103:2

No dejes de practicar la fe en medio de la tormenta

En medio del dolor existe la tentación de detenerse.

  • Dejar de orar.
  • Dejar de buscar a Dios.
  • Dejar de evangelizar.
  • Dejar de servir.

Pero la fe se fortalece cuando seguís actuando.

El dolor quiere paralizar.

La fe quiere perseverar.

… no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos. Gálatas 6:9

Entendé que el dolor también enseña

Obviamente, nadie desea sufrir. Sin embargo, muchas de las lecciones más profundas se aprenden durante el dolor que producen las luchas.

Hay personas que conocen el Poder de Dios.

Pero hay otras que conocen también Su Consuelo, Su Paciencia, Su Fidelidad y Su Compañía en el sufrimiento. Eso es muy, pero muy necesario para nuestra madurez espiritual.

Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo Tu Palabra. Salmos 119:67

Muchas veces, el dolor nos acerca más a Dios que la comodidad jamás podría hacerlo.

Mirá al Señor Jesús

  • Nadie sufrió injustamente más que el Señor Jesús.
  • Fue rechazado, humillado, perseguido, traicionado y crucificado.
  • Sin embargo, permaneció Fiel hasta el final.

… puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe… Hebreos 12:2

  • Cuando miramos solamente nuestras heridas, nos debilitamos.
  • Contemplar nuestro dolor nos lleva a la autopiedad.
  • Cuando miramos al Señor Jesús, encontramos fuerzas para continuar.

¿Cómo mantener la fe en medio del dolor?

  • Recordando que Dios no te abandonó.
  • Aferrándote a la Palabra de Dios.
  • Recordando las victorias pasadas.
  • Siguiendo en la práctica de la fe.
  • Aprendiendo las lecciones de la prueba.
  • Manteniendo los ojos en el Señor Jesús.

Y, sobre todo, entendiendo esta verdad: La fe no es la ausencia de dolor; es la decisión de seguir confiando en Dios mientras el dolor existe.

El dolor puede arrancar lágrimas de nuestros ojos, pero no debe arrancar nuestra confianza en Dios.

El que permanece creyendo durante la noche más oscura verá, tarde o temprano, el amanecer de las Promesas de Dios en su vida y familia.

Fuerza, Dios está con vos y yo también. ¡Eia!

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas