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Hambre y sed de justicia

24 de agosto 2023

Hambre y sed de justicia

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.» Mateo 5:6

El Señor Jesús dejó en claro que no solo se necesita tener hambre y sed para ser saciados, sino que se necesita tener hambre y sed con todas las fuerzas y fe.

Muchas personas buscan saciar el hambre y la sed con amistades, viajes a diferentes lugares, en diferentes religiones, pero no lo logran, ¡porque solo el Espíritu Santo puede saciarlas!

La condición para eso no es solo tener el deseo de ser saciado, sino que ese deseo debe estar arraigado en querer la justicia de Dios en su vida por sobre todas las cosas.

¿Qué tipo de justicia es? Es una justicia que va más allá de la justicia social, de la justicia laboral, ¡se trata la justicia espiritual!

¿Cuál es la mayor injusticia que hay? Es la de llamar a Dios «Padre» y vivir como un bastardo, es la de llamarlo «Padre» y no obedecerlo, es la de llamarlo «Padre» y actuar como el hijo de un extraño. Usted no puede exigir obediencia del hijo de su vecino, pero sí puede hacerlo con su propio hijo. Entre padres e hijos debe haber comunión, cercanía, y no distanciamiento.

Muchos llaman a Dios «Padre», pero, incluso en la iglesia, no se comportan como Sus hijos. Reconocen sus pecados, pero no se arrepienten de verdad ni los abandonan, no asumen el perdón, bautizándose en las aguas, dejando atrás la vida vieja, para vivir en novedad de vida.

El que está con Cristo no vive como vivía en el pasado, sino que cambia en todo, por dentro y por fuera.

¡Llamar a Dios «Padre» y no tratarlo como tal es la mayor injusticia!

Es por lo que estas personas no reciben al Espíritu Santo, porque no hay en ellas hambre y sed verdaderos de justicia, no perdonan al que las ofendió ni se perdonan a sí mismas, y no hay quien no perdone que no sea injusto.

Tampoco honran a Dios, no hablan con Él todos los días, antes de hacerlo con los demás, ni leen Su Palabra, que es la manera en la que Dios habla con nosotros.

Usted debe tener hambre y sed de justicia.

No debe cargar sobre su cuerpo cosas que no son de Dios, como tatuarse o consumir drogas. Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza. Lo creó y lo compró con Su sangre en la cruz. Esta es la fe inteligente.

¡Cuando usted tiene hambre y sed de justicia, no se conforma con las bendiciones, sino que quiere al Espíritu Santo!

Muchas personas murmuran, pero la realidad es que no encontraremos la perfección en nadie.

«Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.» 1 Juan 1:8

El que dice que no tiene fallas es el peor mentiroso, y se miente a sí mismo. Tal vez la persona piensa que no tiene nada que cambiar, porque está hace mucho tiempo en la iglesia e incluso es un oficial, pero se engaña.

Si no hay hambre y sed de justicia, la persona termina murmurando contra los demás para justificar sus propios errores. En cambio, si tiene hambre y sed de justicia, no murmura, porque sabe que esa actitud ofende a Dios; ella habla con Dios o habla cara a cara con los demás.

Dios odia la injusticia y ama la justicia.

La injusticia es todo lo que es pecado y se perjudica a sí mismo y a las personas a su alrededor. La desobediencia hiere a Dios y, cuando lo hacemos, también afectamos a otras personas.

Todo lo que es pecado es injusticia ante los ojos de Dios.

Por otro lado, cuando hago el bien a alguien, me hago bien a mí mismo. Solo después de amarme podré amar al prójimo como a mí mismo.

Observe lo que Dios dice en Su Palabra, en Juan 6:35:

«Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida…» Sin pan; el cuerpo se debilita y muere, por eso debemos alimentarnos, y Jesús es el Pan para el alma. Sin ese pan, su alma se debilita y muere.

«… el que viene a Mí no tendrá hambre…» Él le dará el Pan, el alimento que usted necesita.

«… y el que cree en Mí nunca tendrá sed» Para que no tenga sed, no solo debe estar en la iglesia, sino que debe CREER, lanzarse, entregarle su vida, abandonar la injusticia, eliminar los dioses de este mundo que pueden ser: hijos, marido, posición, entre otros. y poner al único Señor y Salvador por encima de todo. Abandonar la amante, abandonar las amistades que lo alejan de Dios, ¡eso es creer! Solo de esa manera recibirá al Espíritu Santo, que es el Agua.

Una cosa es comer el pan que Dios provee, que son los milagros y las bendiciones; otra es ser saciado con el Agua Viva, que, de hecho, Dios quiere darle. Cuando la persona recibe esa Agua se vuelve una fuente de Agua Viva; y, en lugar de tener sed, comienza a brotar de su interior el Agua Viva, satisfaciéndose a sí mismo y satisfaciendo a los demás.

Tal vez usted no haya tenido muchas oportunidades en la vida, pero ahora tiene la oportunidad de saciar su hambre y sed. El Espíritu Santo quiere habitar en usted, hacerlo feliz y hacer feliz a todos los que están a su alrededor.

«… la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción…» Romanos 3:22

La justicia de Dios es para todos los que creen, Dios no hace acepción de personas, pero nunca obligará a nadie a respetarlo y a honrarlo como Padre.

La decisión es personal. Usted es criatura o se vuelve hijo, obedeciéndolo y viviendo en Su justicia.

¡Nos vemos en la IURD o en las nubes!
Obispo Júlio Freitas

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