Una vida bajo el Abrigo del Altísimo
Hay quienes no entienden la importancia de habitar bajo el Abrigo del Altísimo. Para ellos, participar de una reunión se volvió solo un ritual; se acostumbraron a la rutina de asistir a la Iglesia y todo terminó siendo algo monótono y automático.
Sin embargo, la Sagrada Escritura nos muestra que cada persona tiene en sus manos la decisión de elegir habitar. Si están los que habitan, también están los que no habitan. La decisión es de cada uno:
El que habita al Abrigo del Altísimo morará a la Sombra del Omnipotente. Diré yo al SEÑOR: Refugio mío y Fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. Porque Él te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal. Salmos 91:1-3
Habitar bajo el Abrigo del Altísimo significa mucho más que pertenecer a la Iglesia. Es tomar la decisión de que Dios sea nuestro Refugio y nuestra Fortaleza. En Él encontramos protección, porque Él nos da el libramiento y las fuerzas para vencer todas las aflicciones.
A Dios NO Le importa:
- Tu pasado ni la gravedad de tus problemas.
- Si tenés o no una religión o una formación universitaria.
- Cuántos errores hayas cometido y cuántas personas te fallaron.
- Si perdiste tu reputación o si las personas ya no creen en vos.
Lo que Él espera de vos es sinceridad: que reconozcas que Lo necesitás. Pero también espera una decisión de tu parte: acercarte a Su Casa de Oración, el Lugar Consagrado como Abrigo del Altísimo, donde nos reunimos en el Nombre del Señor Jesús. Y donde dos o tres se reúnen en Su Nombre, Él Está Presente.
Este poder de decisión todos lo tenemos. Por eso, es importante que no postergues más este momento, aunque seas antiguo de Iglesia, nuevo o vayas por la primera vez.
Cuando participes de una reunión, no permitas que nada ni nadie desvíe tu atención. Evitá usar el celular y participá de todo, aunque no entiendas todo. Solo así saldrás con la Presencia del Espíritu Santo, quien Guía, Transforma y Fortalece.
Aprovechá cada momento de la reunión para tener tu Experiencia personal con lo Sobrenatural, con el Padre Celestial. Y aunque lleves años en la Iglesia, hacé como si fuera tu primera reunión y rendite de lleno, cuerpo, alma y espíritu, al Dios Todopoderoso.
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas



