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1.ª Bienaventuranza

28 de marzo 2025

1.ª Bienaventuranza

En toda la historia de la humanidad, en todas las sociedades, los seres humanos asociaron la felicidad al bienestar físico y sentimental; al éxito económico, social y material, como la riqueza, el lujo, las fiestas o la fama.

Dios no está en contra de estas cosas, pero la felicidad no está en nada de eso. El Señor Jesús, a través de estas 9 bienaventuranzas, revela palabras completamente diferentes, por ejemplo: pobre, sed, persecución, injusticias, humillaciones.

¿Dónde está la felicidad en estas palabras? No está, según nuestra concepción; según nuestra manera de ser y de ver las cosas. Sin embargo, Él revela dónde reside la verdadera felicidad, que no está en personas, cosas, lugares ni títulos o posición social.

«Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el Reino de los Cielos». Mateo 5:3

El mal ha usado esta palabra para engañar a los religiosos, haciendo creer que esta pobreza a la que Jesús Se refiere es la material, pero Jesús no dijo «pobres», sino «pobres en espíritu». Muchos son pobres económicamente, pero son orgullosos, soberbios en espíritu: «Yo soy así, creo así…». Por otro lado, también hay muchos ricos económicamente que son humildes en espíritu, son sencillos.

Entonces, el Reino de los Cielos es para los pobres de espíritu, los humildes para aprender, reconocer, cambiar, mejorar y obedecer, practicar lo que está escrito.

¿Cuántos famosos tienen las mejores casas, dan las mejores fiestas, visitan los mejores lugares, tienen un montón de amigos, tienen tanto, pero tanto dinero, que si gastaran millones a diario no se les terminaría la riqueza, y, aún así, cuando se les pregunta si son felices, la respuesta es rotunda y contundente: «No»?

Esto se debe a que lo que produce verdadera felicidad nunca se podrá comprar con dinero, ¡nunca! Lo que realmente nos completa no es lo que podemos conquistar, sino la bendición, la paz que proviene de la presencia del Espíritu Santo en nuestro interior, de la seguridad de saber que somos ciudadanos del Reino de los Cielos.

Si su espíritu (su mente, su razón) está cauterizado por la soberbia, por la duda, por la acusación, por el orgullo, por el egoísmo, usted no se comportará como ciudadano del Reino de los Cielos.

En cambio, si es un ciudadano de este Reino, pensará, hablará y actuará como tal, porque ya es feliz en su espíritu; en su interior ya tiene la verdadera felicidad que no depende de los demás.

De esta manera, estará preparado para su partida, porque sabe que el destino de su alma, como dijo Jesús, es el Reino de los Cielos, por haber permanecido con un espíritu humilde, por haber dependido de Dios y no del dinero ni de las cosas materiales.

Y usted, ¿qué espíritu ha tenido? Reflexione en este mensaje y analice si ha sido o no un ciudadano del Reino de los Cielos.

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