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Pinta de libre, vida de esclavo

24 de marzo 2026

Pinta de libre, vida de esclavo

1.° Encuentro de Hombres de Verdad en Sudamérica

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Romanos 8:1

El Espíritu Santo deja claro que, PARA QUE SEAMOS VERDADERAMENTE FELICES, necesitamos ser libres de DOS COSAS:

  1. Del recuerdo de  un pasado malo.
  2. Del miedo a  un futuro malo.
     

Por eso Afirma: no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús”. Romanos 8:1

Es decir, el pasado ya no tiene poder sobre aquellos que están en Él.

Sin embargo, muchas personas arruinan su matrimonio, la relación con sus padres e hijos, su familia, su trabajo y sus amistades por sufrir por cosas que:

Aún no sucedieron.

• O ya pasaron.

Se hacen sufrir en su propia mente y en su espíritu, y eso se refleja en el alma con un corazón pesado, cargado y amargado.

Pero el Texto continúa diciendo: “los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu”. Romanos 8:1

Cuando no vivimos guiados por el Espíritu Santo, es decir, por los Pensamientos de Dios, terminamos siendo esclavos.

Y por eso muchas veces sufrimos más en la imaginación que en la realidad, aferrándonos a decepciones del pasado, ya sean las que causamos o las que nos causaron.

De esta manera, tampoco nos sentimos seguros para enfrentar los desafíos del futuro.

El pasado y el miedo tienen algo en común: nos roban el presente y estorban el mañana.

Es simple de entender, pero difícil de vivir.

Si todavía te sentís condenado por tu propia conciencia, ya sea por algo que hiciste, hacés o incluso deseás, y eso te domina:

  1. comodidad,
  2. vicios,
  3. miedo,
  4. nerviosismo,
  5. religiosidad,
  6. ansiedad,
  7. orgullo,
  8. incredulidad,
  9. trauma,
  10. ingratitud, entre otras cosas…

… SON justamente estas ATADURAS las que gobiernan tus pensamientos y te hacen esclavo, aunque aparentes ser libre. En realidad, te volvés cada vez más dependiente de cosas, personas, lugares y pensamientos. 

Pero cuando permitís que el Señor Jesús entre en tu mente, corazón y cuerpo, entonces comenzás a experimentar la verdadera libertad.

Porque ya no vivís según lo que ves, sentís, pensás, decís o hacés, sino según lo que Cristo Jesús Dice, hace y espera de vos.

Y si reconocés que todavía no sos completamente libre, entonces es momento de dar un paso más: orar, confrontar tu propio “yo” y luchar contra el mal que te atormenta.

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas