12 de septiembre
El que tiene un espíritu humilde no se deja dominar por el mundo, por la vanidad y por el orgullo.
El que tiene un espíritu humilde no se deja dominar por el mundo, por la vanidad y por el orgullo.
Para caminar con Dios es necesario amarlo, a fin de cuentas, no se anda con quien no se ama.
El humilde no se aflige, no pelea, no paga el mal con el mal, no sigue a la multitud.
Si no fuera por el Espíritu Santo que nos ayuda en nuestras debilidades e intercede por nosotros delante de Dios, estaríamos perdidos.
Vea todo con buenos ojos, vea el lado bueno de las personas y de las circunstancias, aunque sean adversas, ¡porque el que tiene malos ojos solo pierde!