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En el desierto con TODO, en la Tierra Prometida sin NADA

2 de junio 2026

En el desierto con TODO, en la Tierra Prometida sin NADA

¿Cómo es eso?

Te explico. Observá el paralelo entre los entregados 100 % a Dios y los medio entregados.

Cuando el ser humano no está 100 % entregado a Dios, reconociendo su dependencia del Padre Celestial, debido a sus limitaciones y a la necesidad constante de la Dirección y Sabiduría del Creador, puede incluso tener estructura material, recursos, formación universitaria y protección humana; pero, aun así, seguirá vulnerable, vacío y desprotegido en el mundo espiritual frente a los ataques del mal, e inseguro dentro de sí mismo.

Porque el Padre Celestial es quien nos da sabiduría, salud, fuerza y talentos; pero también nos da autoridad y responsabilidad.

Tanto es así que, después de crear al hombre, lo primero que Dios hizo fue otorgarle autoridad y responsabilidad: autoridad para dominar sobre las aves del cielo, los animales de la tierra y los peces del mar; y responsabilidad para cuidar y trabajar el Jardín que el Padre Celestial había plantado.

Dios no creó, no crea y no Bendice a vagos.

Es decir, Dios nunca separó Su Bendición, Aprobación y Protección de las responsabilidades.

Ahora observemos este maravilloso paralelo:

El hombre puede vivir en un palacio, dentro de una ciudad rodeada de murallas, con ejército para protegerlo, recursos, influencias, contactos importantes y toda una infraestructura humana. Sin embargo, si no está entregado 100 % a Dios en su mente (espíritu), alma (corazón) y cuerpo (vida), seguirá siendo víctima dentro de sí mismo y de los espíritus malignos que nos rodean a todos.

Ser víctima o no depende de cada uno:

  • En sus pensamientos, con dudas y temores.
  • En su alma, con ansiedad, miedo, vacío e inquietud.
  • En su corazón, con indecisiones, soberbia y egoísmo.
  • En su cuerpo, con enfermedades, vicios y desgastes (inmoralidad).
  • En su familia, con conflictos, pleitos y separaciones.
  • Y en su vida económica y social, con inseguridad, miseria e inestabilidad.
  • Fue exactamente lo que ocurrió con el pueblo de Israel en la Tierra Prometida.

Estaban en la tierra que fluía leche y miel, pero ya no estaban entregados al Dios que les había dado aquella tierra. Por eso vivieron tragedias sin precedentes: hambre, destrucción, muerte, pestilencias y sufrimiento; cosas que sus antepasados ni siquiera habían experimentado en Egipto durante 430 años de esclavitud.

Tan devastadora fue aquella situación que el Profeta Joel llamó la atención de toda la nación diciendo:

Oíd esto, ancianos, y prestad oído, habitantes todos de la tierra. ¿Ha acontecido cosa semejante en vuestros días, o en los días de vuestros padres? Contadlo a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la siguiente generación. Lo que dejó la oruga, lo comió la langosta; lo que dejó la langosta, lo comió el pulgón; y lo que dejó el pulgón, lo comió el saltón. Joel 1:2-4

Es decir, ni los más ancianos podían recordar algo parecido. Todo esto ocurrió porque el pueblo se aferró a la tierra, a las bendiciones y a los recursos que Dios les había dado, pero descuidó al Dador de todas las cosas.

¡Qué contraste tan fuerte! Dentro de la Tierra Prometida, pero lejos de Dios, había desgracia.

Ahora miren a Abraham:

  • No tenía palacio.
  • No vivía protegido por murallas.
  • No poseía un ejército poderoso.
  • No hizo alianzas para depender de la fuerza humana.
  • No se inclinó ante el sistema de Faraón ni ante los reyes de su época.
  • Pero Abraham poseía algo mayor: estaba entregado 100 % a Dios.

Y por eso, aun viviendo en el desierto:

  • Tuvo protección.
  • Tuvo dirección.
  • Tuvo salud.
  • Tuvo provisión.
  • Tuvo honra.
  • Tuvo descendencia.
  • Tuvo pacto con Dios.
  • Y, sobre todo, vivió la promesa de la Salvación y de la Presencia Divina.

El secreto nunca fue el lugar. El secreto siempre fue la entrega. Porque una persona sin Dios puede vivir en “palacios” y, aun así, estar destruida por dentro.

Puede tener la mejor educación, los mejores especialistas y ser querida por todos; pero, aun así, sufrir maldiciones, accidentes, enfermedades, miseria y separación familiar, sintiéndose sola.

Pero alguien entregado al Padre Celestial puede atravesar o incluso vivir toda su vida en el desierto y, aun así, con la Bendición del Padre Celestial, disfrutar de su vida, su matrimonio y su familia con paz, seguridad y dignidad.

Abraham, en el desierto, lo tenía todo porque Dios estaba con él.

Mientras que millones de sus descendientes, dentro de la Tierra Prometida, lo perdieron todo porque Dios ya no era el centro de sus vidas. Ellos no honraban a Dios en primer lugar.

Esto despierta una conciencia poderosa:

  • No es la estructura la que sostiene al hombre o a la mujer, sino Dios.
  • No es el ambiente lo que garantiza protección, sino la obediencia.
  • No es la formación académica ni la apariencia de estabilidad lo que trae seguridad, sino la verdadera comunión con el Creador, el Padre Celestial.

De esta manera, quiero dejar en claro que la verdadera fe no consiste solamente en creer que Dios existe, sino en depender totalmente de Él: en la mente, en el alma, en el cuerpo, en las actitudes y en las decisiones.

Porque quien está entregado a Dios 100 % puede incluso pasar o vivir en el desierto, pero jamás estará abandonado, vulnerable o indefenso.

Fue tan horroroso, triste, miserable y vergonzoso lo que ocurrió en la época del Profeta Joel, que él llegó a afirmar que lo sin precedentes negativamente alcanzó el Templo, la Casa de Dios, que hoy representa nuestra mente, alma y cuerpo. Esto sucedió porque ellos se aferraron a las personas, a las cosas y al lugar —la Tierra Prometida—, pero despreciaron al Padre Celestial, que debía ocupar el primer lugar.

Quien piensa que honrar al Padre Celestial con las Primicias y los Diezmos es mucho, demuestra que su corazón aún no está entregado 100 %, porque para quienes tienen su vida entregada completamente a Dios, el Diezmo es nada en comparación con todo lo que han recibido de Él.

Voy a Profetizar y Consagrar a los Diezmistas el Domingo 7 y 14 de este mes de Junio, para que todos los que están viviendo lo sin precedentes negativamente ¡NO LO VIVAN NUNCA MÁS!

¡Vamos a vivir lo sin precedentes POSITIVAMENTE!
Obispo Julio Freitas

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