¿Cuál es nuestra primera reacción cuando nos deparamos con un problema?
R. Intentar resolverlo a toda costa con nuestras propias fuerzas, recursos y capacidad. ¡¿No es así?!
Pero ¿qué es más fácil: intentar resolver el problema o pedirLe a Dios, que tiene todo el Poder y la Sabiduría y nos Quiere ayudar, que lo resuelva por nosotros?
R. Pedirle a Dios que lo resuelva, que nos oriente y nos ayude a hacerlo.
Pero no es así como la mayoría de las personas que dicen creer, buscar y ser de Dios lo hacen.
Solo después de agotar todos los recursos, solo después de haberse enojado al extremo, solo después de escuchar que ya no hay salida, esperanza, oportunidad o solución, solo después de sentirse impotentes, es que recurrimos al Infalible, al TodoPoderoso.
¿Por qué? Porque somos orgullosos, independientes y nos sentimos autosuficientes.
Después de que el rey Salomón terminó el Templo del Señor y oró a Dios, el Señor Dios se le apareció y le recordó algo poderoso pero que muchos se olvidan: “Cuando llegan tiempos dificilísimos, Su pueblo debe volverse a Él”.
… y se humilla Mi pueblo sobre el cual es invocado Mi Nombre, y oran, buscan Mi Rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces Yo Oiré desde los Cielos, Perdonaré su pecado y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7:14
El mal y el bien existen. El mal físico, emocional, material y social es un reflejo del mal espiritual.
Pero solo vencemos al mal cuando buscamos a Dios (la Fuente del Bien Mayor) en oración, con humildad, en obediencia, con ayuno, ejercitando la fe por medio de propósitos y ofrendas de desafío.
Esta Orientación Divina nos recuerda que buscar a Dios no es solamente pedirLe que cambie aquello que estamos viviendo.
También es acercarnos con humildad, reconocer aquello que necesitamos cambiar en nosotros y volver nuestro corazón hacia Él.
Porque cuando no podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, en nuestro matrimonio, nuestra familia o nuestra casa, o cuando no podemos cambiar a las personas, todavía podemos decidir a quién acudimos.
Humillarnos, invocar, orar y buscar a Dios es el comienzo de una verdadera Transformación personal, familiar y social.
Hacé la prueba, ¡vas a ver que no te vas a arrepentir!
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas



