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El veneno que uno mismo bebe

5 de septiembre 2026

El veneno que uno mismo bebe

¿Qué es peor? ¿Ser envenenado o envenenarse a sí mismo?

Humanamente hablando, ambos son terribles. Sin embargo, en cierto sentido, envenenarse a sí mismo es aún peor.

La persona que es envenenada por otro está siendo víctima del odio, del rechazo, de la maldad, de la envidia, del engaño o del rencor de alguien. Aunque esté sufriendo el dolor de no ser considerada, valorada o amada por los demás, todavía desea vivir, luchar y vencer.

Pero quien se envenena a sí mismo se convierte en su propio agresor. Es como alguien que alimenta diariamente pensamientos negativos, resentimientos, quejas y frustraciones contra sí mismo, contra familiares, conocidos, examigos o contra las circunstancias negativas de la vida. Sin darse cuenta, comienza a destruirse desde adentro.

Sobre esto, Viviane y yo alertábamos a las parejas, padres e hijos, en el Encuentro de las Familias, porque el Espíritu Santo nos advierte:

Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor. 1 Corintios 10:10

Observá que la Orientación Divina no dice simplemente que fueron castigados por haber hablado mal o murmurado. Revela que fueron destruidos por el destructor.

La murmuración no es un pecado inofensivo a los oídos humanos. Es entendida y practicada a lo largo de la humanidad como una simple manifestación de descontento. Pero la realidad en el contexto espiritual es que la murmuración abre puertas para la acción de espíritus destructores, porque revela incredulidad, ingratitud y rebelión contra lo que Dios Puede hacer, Quiere hacer, está permitiendo o haciendo en uno.

En la práctica, ¿cómo una persona se envenena a sí misma?

Cuando murmura:

  • Sobre sí misma.
  • Sobre otras personas.
  • Sobre un malestar físico.
  • Sobre la Obra de Dios.
  • Sobre una situación del pasado.
  • Sobre una dificultad del presente.
  • Sobre algo bueno que aún no ocurrió como esperaba.

Cada palabra de queja funciona como una gota de veneno en su propia alma y debilita su fe.

Poco a poco, la persona pierde la paz, la práctica de la fe inteligente, la esperanza y la fuerza espiritual para ver y entender lo espiritual.

Pero ¿qué destruyen mis murmuraciones?

La murmuración tiene poder de destrucción:

  • En el área emocional.
  • En la familiar.
  • En la matrimonial.
  • En la física (salud).
  • En la económica.
  • En las relaciones.
  • Y, principalmente, en la espiritual.

Por eso les he dicho durante muchas décadas a las personas que hemos acompañado que no son derrotadas por los desafíos que les suceden en la vida, sino por la forma en que reaccionan ante lo que les sucede.

Así que he orientado a las Obreras/os, Misioneros/, Esposas y Pastores que la actitud correcta, en lugar de murmurar, es esta:

  • Reprendé los malos pensamientos.
  • Orá.
  • Confiá en el Cuidado Divino.
  • Perseverá en la obediencia y la confianza Divina.
  • Presentá tu situación y necesidad delante de Dios y no te quedes ansioso.
  • Usá la fe inteligente.

Mantenete firme en la práctica de la Palabra de Dios, con o sin voluntad.

Quien murmura se debilita espiritualmente.

Pero quien confía en Dios, aun en medio de las pruebas, fortalece su espíritu y permanece protegido bajo el Cuidado y la Dirección del Espíritu Santo.

La murmuración es un veneno que destruye al que la practica.

Por eso, como hijos del Dios Vivo, debemos vigilar nuestras palabras y nuestra actitud, para que ninguna raíz de queja contamine nuestra mente, nuestra fe y nuestro corazón, y no nos aparte de la Presencia de Dios.

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas

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