Los Primogénitos no se comparan con los demás
Una de las más grandes evidencias de que una persona posee la Bendición de la Primogenitura es que deja de vivir comparándose con los demás.
Quien tiene la Presencia del Espíritu Santo en su interior sabe que su Bendición no depende de lo que otros tienen, hacen o alcanzan, sino de su comunión con el Señor. Jacob es un claro ejemplo de esto.
Durante muchos años vivió en la casa de Labán, quien además de ser su tío era también su suegro. Allí fue engañado repetidas veces. Labán cambió su salario en diez oportunidades y buscó aprovecharse de él constantemente. Sin embargo, Jacob nunca le “pagó con la misma moneda”.
No adoptó el mal ejemplo de su tío, suegro y patrón. No se convirtió en un engañador ni en un explotador para obtener ventajas. No lo maldijo ni lo odió por eso.
Tampoco permitió que la envidia de los hijos de Labán —sus primos y cuñados— contaminara su corazón. Ellos veían cómo Dios estaba con Jacob, lo bendecía y por eso buscaban poner obstáculos a su crecimiento.
Pero Jacob no perdió tiempo comparándose con ellos, discutiendo, justificándose o compitiendo.
Él siguió haciendo lo correcto delante de Dios y de los hombres.
Los años pasaron. Las décadas transcurrieron. Mientras unos vivían dominados por la envidia, el materialismo y el resentimiento, Jacob permanecía fiel, poniendo a Dios en primer lugar en todo lo que hacía. Por eso, la Bendición de Dios siguió acompañándolo.
La verdadera Primogenitura nos enseña que no necesitamos compararnos con nadie. Cada persona tiene su propio tiempo y su propio proceso, pero el propósito que Dios ha preparado para ella solo se cumplirá si hace lo que hizo Jacob.
Quien honra a Dios en primer lugar no vive pendiente del éxito ajeno, porque sabe que la mayor riqueza es la Presencia de Dios.
Y quien tiene Su Presencia no necesita competir con nadie: el Propio Dios Se encarga de abrir el camino, sostenerlo y hacerlo prosperar en el momento oportuno.
Como está escrito en Gálatas 5:26:
No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. Gálatas 5:26
La envidia y la comparación producen frustración; en cambio, la Primogenitura produce paz, seguridad y confianza en que Dios cumplirá Su Propósito en la vida de quien Lo pone siempre en primer lugar.
Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas



