Una vida que ya respira el Reino I
Caminos concretos que transforman la vida cotidiana…
Estos son los 4 Criterios básicos Enseñados por el Mesías.
1.° Humildad — La puerta de entrada al Reino de Dios
- La humildad no es pensar menos de uno mismo, sino reconocer la verdad: que dependemos de Dios para todo.
- Los “pobres en espíritu” son los que no se apoyan en su propio mérito, sino en la Misericordia Divina.
En la práctica, la humildad se vive cuando:
- Aceptamos nuestras limitaciones sin desesperarnos, creyendo en la Ilimitación Divina.
- Reconocemos que necesitamos ser Guiados por el Espíritu de la Verdad.
- Dejamos de compararnos con otros para espejarnos en Jesús.
- «Permitimos» que Dios sea Dios, y nosotros criaturas imperfectas, pero amadas.
La humildad de espíritu permite que el alma (corazón) se abra para reconocer y recibir, porque quien cree que ya lo tiene todo no puede ser Guiado y mucho menos Lleno del Espíritu Santo.
«Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el Reino de los Cielos». Mateo 5:3
2.° Arrepentimiento — El cambio de dirección
- El arrepentimiento no es solo sentirse mal, con culpa o triste; arrepentimiento NO ES remordimiento, sino una decisión seguida de una acción de abandonar el error, dejar de hacer lo malo, lo que causa un giro interior que se refleja en lo exterior.
- Es reconocer que ciertos hábitos, amistades y caminos no llevan a la Vida Eterna, sino el hecho de reconocer, confesar y abandonar, volviéndose al Padre.
En la vida diaria, el arrepentimiento se expresa cuando:
- Admitimos con sinceridad que nos equivocamos.
- Renunciamos a justificar lo injustificable.
- Elegimos un nuevo rumbo, aunque cueste.
- Permitimos que Dios corrija lo que estaba torcido.
El arrepentimiento es un acto de libertad espiritual, emocional y que se refleja en lo físico: dejamos de ser esclavos de lo que nos destruye.
«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento«. Lucas 5:32
3.° Entrega — Soltar para recibir
- La entrega es uno de los criterios más desafiantes para el ser humano.
- Perder la vida “por la causa de Dios” no significa anularse, sino cortar el lazo con la carne, y soltar el control para encontrar la verdadera identidad.
Se vive cuando:
- Dejamos de aferrarnos a lo que creemos indispensable.
- Permitimos que Dios reordene nuestras prioridades.
- Aceptamos que Su Voluntad es Mejor que la nuestra siempre.
- Nos abrimos a caminos que no habíamos imaginado.
La entrega no es resignación; es confianza activa.
«El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por Mi causa, la hallará». Mateo 10:39
4.° Obediencia — La respuesta del amor
- La obediencia en el Reino no es servilismo, sino una relación de amor entre hijos y Padre.
- Obedecemos porque amamos, confiamos, somos gratos, no por miedo.
En la práctica de la fe inteligente:
- Elegimos lo que conduce a la vida en paz y seguridad, no lo que nos esclaviza.
- Alineamos nuestros pensamientos, palabras, acciones y prioridades con lo que sabemos que es la Voluntad del Padre Celestial.
- Vivimos con coherencia entre fe y conducta.
- Reconocemos que cada decisión nos forma: o nos mantiene en el Reino de Dios o nos aleja.
La obediencia es la expresión, la materialización de la fe inteligente.
«¿No sabéis que cuando os presentáis a alguno como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?». Romanos 6:16
DeciLe en voz alta: “¡Heme aquí, Señor Espíritu Santo, enséñame y Úsame hoy más que todas las veces anteriores para Tu Gloria!”.
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas
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