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Nadie termina bien sin una vida interior sólida

20 de febrero 2026

Nadie termina bien sin una vida interior sólida

La sociedad actual nos enseña muchas cosas; casi siempre lo que NO edifica realmente. Se habla de independencia, de autosuficiencia y de vivir sin necesidad de los demás, pero la realidad es que nadie termina bien sin una vida interior sólida, una vida espiritual y emocional fundamentada en una relación personal con el Padre Celestial y en vínculos sanos con la familia.

En lo que respecta a la familia, es importante aclarar que la intimidad, la amistad y la confianza no se sostienen solo a base de emociones, risas, viajes de verano o fiestas, sino que se construyen con consistencia, a través del cuidado y de las responsabilidades.

Lo que escuchamos y vemos en los medios de comunicación y en la sociedad muchas veces contradice este principio. Por ejemplo:

  • “No necesito un hombre, soy autosuficiente”. En realidad, lo que les falta es un Esposo (proveedor, amigo, protector, compañero), no un hombre.
  • “No necesito una mujer, prefiero estar solo”. Lo mismo sucede con los hombres: lo que les falta es una Esposa (amiga, auxiliadora, compañera), no una mujer.

Cuando los hijos escuchan estas palabras, aprenden a creer que la autosuficiencia familiar es normal. Como consecuencia, dejan de valorar el matrimonio y la familia, y no los cuidan.

Si uno de los miembros de la familia sana espiritual y emocionalmente, todo el ambiente familiar, laboral y social cambia. Por eso, la sanidad familiar casi nunca empieza con todos al mismo tiempo. A veces empieza con uno solo, que decide humillarse, buscar la dirección Divina y practicarla.

Guardar lo más importante

El Espíritu Santo, en Proverbios 4:23, nos recuerda:

“Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”. Proverbios 4:23

Si valoramos nuestro cuerpo, lo cuidamos con buena alimentación, descanso y ejercicio. De la misma manera, si valoramos a nuestra pareja, la cuidamos con respeto, atención y amor. Porque la persona inteligente no maltrata ni desprecia a quien necesita, lo completa y lo ama; al contrario, lo cuida y lo considera.

El poder de las propias palabras

En Proverbios 4:24 dice:

Aparta de ti la boca perversa, y aleja de ti los labios falsos”. Proverbios 4:24

No sirve de nada ser amable en el trabajo y llegar a casa hablando con dureza. El cansancio puede explicar muchas cosas, pero nunca justifica herir a quien vive con vos, forma parte de tu vida y de tu familia.

Mirar hacia adelante

Proverbios 4:25 nos enseña:

“Miren tus ojos hacia adelante, y que tu mirada se fije en lo que está frente a ti”. Proverbios 4:25

La verdadera inteligencia nos lleva a cuidarnos unos a otros en el hogar. Si tu mejor versión no aparece dentro de tu casa, lo que mostrás fuera corre el riesgo de ser solo apariencia. Por eso, muchas parejas, padres e hijos han perdido el respeto y la admiración de los suyos.

La verdadera fe empieza en casa, creyendo en la transformación de los tuyos y no comparándolos con el pasado.

Valorar al cónyuge

Si tengo una esposa a mi lado, debo valorarla, cuidarla y amarla, no pisarla, ignorarla o compararla con otras.

Por ejemplo: los hombres que tienen un vehículo, como un auto o una moto, lo cuidan con esmero. Entonces, ¿cómo no cuidar con más dedicación a la esposa que Dios les dio?

Las mujeres cuidan su apariencia, su ropa y sus joyas con esmero. Entonces, ¿cómo no cuidar con más dedicación al esposo que Dios les dio?

Dios no desiste de las Familias

Tal vez tu familia hoy no está como lo soñaste; tal vez haya heridas viejas o palabras que nunca se dijeron, pero esta es la verdad: Dios no desiste de las familias.

Lo que hoy está roto puede convertirse en un testimonio hermoso en días, semanas o meses, incluso el Viernes Santo.

No necesitás una familia perfecta, sino una familia dispuesta a sanar y a tomar el sendero correcto.

El orden en la Familia

Proverbios 4:26 nos recuerda:

“Fíjate en el sendero de tus pies, y todos tus caminos serán establecidos”. Proverbios 4:26

El cónyuge percibe cuando se lo coloca en segundo lugar. Si el trabajo, los amigos, el deporte o las fiestas ocupan el primer lugar, el cónyuge o los padres sienten que han sido dejados de lado. Eso causa heridas, frialdad y distanciamiento. En cambio, la buena comunicación, los límites claros y el amor son esenciales para el desarrollo de todos los miembros de la familia.

La actitud personal

Algunos dicen: “¿Por qué tengo que hacerlo yo, si él o ella no lo hace?”. La respuesta es clara: independientemente de lo que haga la otra persona, yo debo tomar la actitud correcta.

Aunque la otra persona tenga defectos o no lo merezca, si hago mi parte, ella será fortalecida e incentivada a hacer lo mismo; así todo puede cambiar.

Apartarse del mal

Proverbios 4:27 concluye:

“No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal”. Proverbios 4:27

Nadie termina bien sin una vida interior sólida con Dios y con su familia. La verdadera victoria no está en la autosuficiencia, sino en la dependencia de Dios y en el cuidado mutuo dentro del hogar.

La familia es el lugar donde se prueba nuestra fe y nuestro amor. No se trata de perfección, sino de disposición para sanar, cuidar y valorar.

Una vida interior sólida en Dios es el fundamento que sostiene todo. Por eso, cuando una persona decide humillarse y buscar la dirección Divina, Dios Se involucra y transforma el ambiente familiar.

El secreto para terminar bien es empezar cada día edificando sobre la Roca: Jesucristo, nuestra Paz y Salvación.

¡Nos vemos en breve, en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas