La verdadera presencia
Tu amistad, confianza, comprensión, amor y fidelidad hacia tu pareja, padres e hijos, como también el hecho de estar verdaderamente presentes, evita muchos malentendidos, pleitos y la frialdad en las relaciones.
Ahora bien, alguien podría pensar: “En mi caso es al revés… cuando estoy presente, todo se convierte en un pie de guerra”. Sin embargo, esto suele ocurrir porque, aunque físicamente estabas presente, tu actitud era defensiva. Es decir, no estabas presente desde la empatía.
Y cuando uno está a la defensiva, no escucha, no busca comprender ni se pone en el lugar del otro. Al contrario, reacciona, se protege y, muchas veces, hiere. Por eso, la verdadera presencia no tiene que ver solo con estar, sino con cómo se está.
En este sentido, si decidís estar presente de la manera correcta, estarás ofreciendo algo mucho más valioso: una riqueza que el dinero no puede comprar, que ningún sistema puede garantizar y que solo nace de un corazón dispuesto.
Por eso, aceptar la disciplina y la corrección es clave. Es a través de ellas que uno puede reconocer sus errores, crecer y aprender a relacionarse mejor.
Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor ni aborrezcas su reprensión, porque el Señor a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita. Proverbios 3:11-12
¿Ves? La disciplina no es un castigo, sino una oportunidad para cambiar, madurar y seguir creciendo.
Y justamente ahí es donde comienza algo poderoso: cuando decidimos cambiar nosotros, dejamos de esperar que todo venga de afuera y empezamos a convertirnos en Bendición para nuestra familia.
Preguntate a vos mismo:
¿Estoy dispuesto a aceptar la disciplina y la corrección para convertirme en Bendición dentro de mi propia familia?
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas



