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Entrá al 2026 en Proceso, no solo con Calendario

2 de enero 2026

Entrá al 2026 en Proceso, no solo con Calendario

Estuvimos delante del Nombre del Dios Vivo, Jesucristo, en un momento decisivo para nosotros y sagrado para el Espíritu Santo: un año se cerró y otro comenzó hace solo un día.

Para muchos, el 2025 fue un año de pérdidas. Para otros, un año de silencio. Y para algunos, un año de oraciones que fueron escuchadas, pero aún no respondidas.

En la última noche del año, el Espíritu Santo nos enseñó algo que muchos desconocen: mientras el calendario cambia, el carácter, la mentalidad y las costumbres de muchos permanecen iguales. Sin embargo, el Espíritu Santo sigue Trabajando intensamente en lo más profundo de aquellos que Se lo permiten. En los que subieron al Altar, clamaron, ayunaron, sacrificaron y participaron de la última Santa Cena en la Vigilia de Año Nuevo. Para ellos, el Señor Jesús no mide el tiempo por el cambio de calendario, sino por la entrega de su mente, corazón y vida.

Yo decía que Dios mide por procesos, no por calendarios.

Nosotros solemos medir el año por metas cumplidas, sueños realizados o fracasos acumulados. Pero Dios lo mide por procesos: 

– Algunos están en proceso de aprendizaje: necesitan confiar más.

– Otros en proceso de superación: necesitan perseverar con constancia.

– Y otros en proceso de espera: necesitan madurar en paciencia.

Para avanzar en estos procesos, tenemos a nuestro alcance cuatro grandes poderes:

– El poder de la fe obediente, que implica sacrificio.

– El poder de la oración sincera, que abre los cielos.

– El poder del bautismo en las aguas, que sepulta el pasado.

– El poder de la Santa Cena, que nos lleva a entrar en Alianza con Dios por medio de una entrega total.

Dios mide el año por lo que formó en nosotros mientras esperábamos:

– Por lo que quitó para protegernos.

– Por lo que no nos dio, porque aún no estábamos listos para recibirlo.

Hay temporadas que no terminan con cambios de calendario, fiestas ni aplausos, sino con enseñanza, superación y madurez. Y aunque hoy no lo entendamos todo, Dios no desperdicia el dolor, la ansiedad, la frustración, el miedo o la tristeza cuando se los rendimos a Él.

Por eso, el peor error cuando un año se termina es pensar que fue tiempo perdido o que algo quedó inconcluso, porque cuando caminamos con el Señor Jesús, Él sigue Trabajando en nosotros.

El Espíritu Santo nos recuerda en Filipenses 1:6: 

“… el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús”. Filipenses 1:6

Eso significa que lo inconcluso no es fracaso, sino formación, que lo que aún no llegó no es negación, sino preparación.

Valorá los primeros días del 2026: 

Estos primeros días del año nuevo, no entremos al 2026 cargando culpas viejas, ansiedades, heridas abiertas, miedos ni resentimientos. Es tiempo de soltar, de entregar y de confiar plenamente nuestro presente y futuro en las manos del Señor Jesús.

El mismo Dios Vivo que nos sostuvo en 2025 será el que nos capacitará para aprender, superar y madurar en 2026.

No es porque las cosas no salieron como esperábamos, o porque las personas no actuaron como deseábamos en la familia, en el trabajo o incluso en la Iglesia que hemos fracasado. Dios fue, es y siempre será Fiel: Él nos guardó, nos dio fe, nos perdonó, nos enseñó y nos fortaleció.

Una renovación, no solo un calendario: 

Empecemos este nuevo año con fe y confianza en lo que podemos hacer, pero sobre todo con más fe y confianza en lo que el Señor Jesucristo ya prometió cumplir si Lo obedecemos.

Que estos primeros 7 días no marquen solo el cambio de un calendario, sino la renovación de nuestra confianza en Dios y la transformación de nuestras vidas para glorificarLo como nuestro Padre Celestial durante todo el 2026.

DeciLe en voz alta: «¡Heme aquí, Señor Espíritu Santo! ¡Enséñame y Úsame hoy como nunca antes para Tu Gloria!».

📯¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas