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El tiempo no sana lo que evitamos

30 de marzo 2026

El tiempo no sana lo que evitamos

Muchos esperan que el tiempo cambie las circunstancias.

Esperan que llegue un nuevo año, que cambie el calendario, que pasen los cumpleaños o los aniversarios. Incluso esperan que comience un nuevo trimestre, pensando que, de alguna manera, la vida también cambiará.

Otros esperan que los demás cambien primero: que cambien los familiares, que cambien las actitudes, que alguien dé el primer paso… para entonces recién ellos cambiar.

Pero la raíz del problema nunca estuvo en el paso del tiempo.

Las situaciones no permanecieron iguales porque nadie te haya llamado para felicitarte por tu cumpleaños, por un ascenso laboral, por un aniversario de casamiento o por la conclusión de tus estudios.

La raíz del problema fue otra: lo que nunca se enfrentó.

  • Lo que se fue postergando.
  • Lo que se cargó en silencio durante años.
  • Y también aquello que, en lugar de asumirse, se intentó justificar culpando al otro para aliviar la propia conciencia.

Por eso, es importante entender algo: el tiempo no sana lo que evitamos.

Lo que verdaderamente trae sanidad es tomar la actitud de confrontar la raíz del problema, hacerlo con la verdad y acompañarlo con humildad y misericordia.

Ahora bien, también es necesario discernir los tiempos: hay momentos en los que es necesario esperar, pero hay otros en los que la espera deja de ser sabiduría y se convierte en postergación.

Muchas veces, cuando lo que corresponde es actuar, la espera solo hace que la persona se frustre.

Por eso, más allá del paso del tiempo, es necesario tomar una actitud y provocar el cambio que tanto se anhela.

Dios no solo desea ver familias unidas; Él quiere familias sanas, espiritual, emocional y fraternalmente. Cuando esté en tu mano hacer lo correcto, no lo dejes para después:

No niegues el bien a quien se le debe, cuando esté en tu mano el hacerlo. Proverbios 3:27

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas