El respeto al tiempo de tus padres y de los demás también es una expresión de adoración
Consejos para los adolescentes – Parte 5
Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal. Mateo 5:37
Adolescente, nunca llegues tarde a un lugar. Es verdad que a veces pueden surgir contratiempos; sin embargo, cuando sabés que van a salir todos juntos y también van a regresar juntos, aprovechá al máximo ese tiempo compartido. ¿Por qué? Porque un día tus padres serán un recuerdo, y esos momentos no vuelven.
Por ejemplo, si van a la escuela, a un restaurante o al parque, buscá ser el primero en estar listo. No esperes a que tus padres tengan que decirte: “Vamos, Fulano”, “Ya estamos en la puerta”, “Estamos en el auto”, o incluso: “Ya estamos llegando a la estación de subte y todavía no saliste de casa”. En lugar de eso, proponete estar preparado con anticipación.
Un buen hábito es estar listo media hora antes. Además, podés acercarte y preguntar: “¿En qué los puedo ayudar?”. Tal vez sea cargar algo en el auto, ayudar a un hermano menor o simplemente colaborar para que todo fluya mejor. Si sos el mayor, recordá que tus hermanos te están mirando. Sin darte cuenta, te convertís en ejemplo.
De esta manera, honrás el tiempo de personas que viven llenas de responsabilidades. Tus padres trabajan, resuelven problemas, organizan la casa y sostienen la familia. Respetar su tiempo es cooperar. Es ser hijo, es ser hija, es ser familia.
En resumen: no te atrases; adelantate. No reacciones tarde; preparate antes. Porque ese hábito que hoy practicás en tu casa mañana se reflejará en tu vida profesional, social y amorosa. Las personas confiables, puntuales y consideradas siempre hacen la diferencia.
Con el tiempo vas a ver cuánto te ayudó aprender a cuidar tus propios tiempos y a valorar el tiempo de tus padres y de tus hermanos.
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas
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