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Apresto del Evangelio

31 de enero 2024

Apresto del Evangelio

Dios no le habla a quien no Lo obedecerá. ¿Por qué? Dios no pierde tiempo. Jesús incluso les dijo a Sus discípulos que Él no perdía tiempo con los que no valoraban Su Palabra. Está escrito:

«No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos…», Mateo 7:6.

La Palabra de Dios tiene un gran valor, y Él no les puede hablar a quienes no la valoran; no porque no los ame, sino porque no Lo respetan. Dios es la propia Palabra. Está escrito que Jesús es la propia Palabra, que el verbo Se hizo carne. ¿Qué es el verbo? La Palabra.

Todo lo que existe fue hecho a través de la Palabra de Dios, por eso, Jesús dijo:

«El cielo y la tierra pasarán, pero Mis Palabras no pasarán», Mateo 24:35.

Además, advirtió:

«Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del Libro de la Vida…», Apocalipsis 22:19

una coma cambia todo el sentido de una frase.

Estamos realizando el estudio de la Armadura de Dios y hoy hablaremos sobre lo que está escrito en Efesios, capítulo 6, versículo 15:

«… y calzados los pies con el apresto del Evangelio de la paz». Efesios 6:15

Lo primero que me llama la atención es que Dios no calza los pies de nadie, cada uno tiene que calzar los suyos. Yo tengo que observar la Palabra de Dios y ver qué es lo que tengo que practicar, y practicarlo. Tengo que calzarme la Palabra de Dios como un zapato, el cual, al principio, por falta de costumbre, me molestará, pero me protegerá. Es necesario.

Los soldados necesitaban tener los pies calzados, porque descalzos no tenían protección para marchar, caminar y ejecutar su misión en el campo de batalla.

No es Jesús el que calza nuestros pies; Él lavó los pies de Sus discípulos, pero no los calzó, porque cada uno calza sus propios pies. Vea lo que le está faltando y acéptelo, aunque al comienzo sea molesto, porque la intención no es dañarlo ni herirlo, sino protegerlo; pero, para esto, es necesario que se someta.

Jesús nos lava los pies con Su Palabra. Cuando Él habla de lavar los pies, se refiere a la suciedad, como las malas decisiones y reacciones, los lugares indebidos, las amistades incorrectas; la lista es larga, y cada uno tiene que ver qué camino tomó y cuáles debe evitar ahora.

Hay personas que no se liberan porque no quieren renunciar a los lugares indebidos, a las amistades que no conducen más que a la destrucción; no quieren abandonar eso. Cuidado, amigos son los que están bajo el mismo techo, y, aun así, Jesús advirtió que los enemigos serían los de la propia casa.

No obstante, hay quienes no quieren aprender, ni desarrollarse, ni madurar, solo quieren imponerle sus voluntades y sus manías a Dios, pero a Dios nadie Le impone nada, porque Él es autosuficiente.

Cálcese, es lo primero que tiene que hacer. Calzar sus pies, decir: «Acepto, eso es para mí». Si los demás aceptarán o no, no es su responsabilidad, porque es algo personal e intransferible. Es necesario que se calce, para que después, con el apresto del Evangelio, pueda ajustar, apretar o aflojar, según la situación.

El primer Evangelio fue el de Marcos, escrito 70 años después de Cristo, pero Jesús dijo:

«Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura…» Marcos 16:15-18

¿qué Evangelio, si no había ninguno escrito? Lo que Él enseñaba, es decir, evangelio es lo que usted vive, practica y tiene autoridad para enseñar.

¿Qué es el Evangelio de la paz? Cuando usted vive según las enseñanzas de Jesús, lo primero que tiene es paz consigo mismo, porque su conciencia ya no lo acusa delante de Dios a causa de su obediencia. También tiene paz con los demás, aunque ellos no la tengan con usted. El pueblo de Dios, los siervos de Dios, los hijos de Dios son Su propiedad, por eso, tenga cuidado de no meterse con ellos. Ser enemigo de los amigos de Dios es pedir sufrir, porque, así como Dios le dijo a Abraham: «Quien te maldiga será maldecido y quien te bendiga será bendecido, pues Mis ojos están sobre ti, y, para tocarte, van a tener que tocarme a Mí».

Antiguamente, era común que los soldados caminaran largos trechos o acamparan en lugares remotos y peligrosos. Por eso, sus pies debían estar bien protegidos; a fin de cuentas, cualquier herida imposibilitaría o estorbaría su locomoción.

En otras palabras, caminaban mucho, porque solo los oficiales iban a caballo, los demás soldados iban a pie. La salida del pueblo de Egipto fue a pie y la entrada a la Tierra Prometida también.  

Tenga disposición, marche, usted puede. Tenga esa estabilidad, ese equilibrio para marchar, caminar y no ser indolente, cómodo, negligente ni perezoso. Dios mandaba a marchar incluso a los ancianos y a los niños. El pueblo fue a la montaña y vio el libramiento de Dios, pero Él hizo que primero observara al enemigo cara a cara. En otras palabras: «Yo pelearé sus luchas si van al campo de batalla, no crean que lo haré si se cruzan de brazos y dicen: “Ya está”, solo porque clamaron, oraron, ayunaron, alabaron y devolvieron sus diezmos. Ustedes hicieron la primera parte, pero solo iré con ustedes si van al campo de batalla».

Este es nuestro Dios. Cuando tomamos esa actitud, mostramos que confiamos y que estamos fundamentados sobre Sus enseñanzas. Es decir, no estamos seguros por nuestra capacidad, por nuestros recursos o por nuestras buenas intenciones, sino porque estamos amparados y protegidos por tener nuestros pies calzados con el Evangelio de la paz. Las enseñanzas de Jesús producen paz. Él dijo: «… Mi paz os doy…». Acepte lo que Él enseña, porque la paz le proporcionará equilibrio, seguridad y fuerza, lo volverá un soldado aprobado.

Aunque el calzado de la época fuera parecido a una sandalia, por dejar los dedos expuestos, el resto estaba cerrado y bien sujeto al tobillo. Así de firme debe ser todo aquel que cree. No podemos torcer el pie, siempre debemos estar bien ajustados y en paz, con nuestros pies calzados. No debemos tomar decisiones basándonos en nuestra mente, sino en el Evangelio, siempre listos para hablar del poder que hay en la Palabra.

La persona que afirma sus pies en el Evangelio siempre está lista para enfrentar sus luchas y para hablar del poder que hay en la Palabra. No solo tiene sus pies preparados, sino que también los tiene firmes para enfrentar las luchas y resistir las tentaciones, que es lo que ha derribado a muchos soldados, por no dar sus pasos sobre las enseñanzas de Jesús y comprometer, de esta manera, su buena conciencia y su paz. Por eso, cuando actuamos de acuerdo con el Evangelio, tenemos una conciencia pura y paz como señal de que Dios está con nosotros, nos aceptó y nos perdonó.

La persona que afirma los pies en el Evangelio no siente vergüenza, porque sus pies, estables en el poder de la Palabra de Dios, están constantemente preparados para luchar contra el reino de las tinieblas. En otras palabras, no solo habla del Evangelio, sino que lo vive y da pasos de acuerdo con las enseñanzas de Jesús, no con lo que los demás dicen.

El apóstol Pablo ya había revelado el poder del Evangelio en la carta a los Romanos:

«Porque no me avergüenzo del Evangelio, pues es el poder de Dios para la Salvación de todo el que cree…», Romanos 1:16.

Para todo el que cree, el que se entrega. Creer es entregarse, obedecer, confiar.

Él nos da las sandalias, que es el Evangelio, pero cada uno debe analizar: «Tengo que esforzarme más en el ayuno. Tengo que humillarme más. Tengo que orar más. Tengo que apretar un poco aquí, tengo que soltar un poco allí». Esta evaluación es personal, espiritual y emocional. Es lo que Pablo decía, es el poder de Dios y el que cree no se avergüenza del Evangelio, es decir, su carácter, su testimonio, su fe y su vida no lo avergüenzan.

Usted siempre enfrentará problemas. Por ejemplo, si mira con ojos carnales, no encontrará el poder de Dios en las horribles muertes de los apóstoles, pero ellos en ningún momento fueron malos ejemplos para nadie. Usted tiene que aprender a separar las cosas. Tal vez no tiene el testimonio que le gustaría en su salud, en su economía o en su familia, pero lo tiene en su carácter, en su fe, en su vida, no se avergüence.

«… no me avergüenzo…» Romanos 1:16.

porque es para la Salvación. Si el Evangelio que hemos practicado nos da la certeza de la Salvación, que es lo más difícil, imagine la certeza de la victoria sobre los problemas, inclinaciones o tentaciones que suframos en esta vida.

Vea que el Evangelio tiene poder para deconstruir sofismas, miedos y dudas, así como para construir una fe sólida para mantenernos en comunión con el Altísimo.

En todas las enseñanzas de Jesús descritas en el Evangelio, siempre está presentando al Padre y cómo desarrollar una relación con Dios.

Por eso, hermosos son los pies de los que tienen disposición y rapidez para llevarles las buenas nuevas de la Salvación a los que sufren. Es decir, la Biblia dice que todos a los que Jesús llamó dejaron de hacer lo que estaban haciendo y Lo siguieron.

Jesús mandó a decirle esto a usted: Si deja lo que lo ata o lo que consume sus pensamientos y su corazón, como la ansiedad, los miedos, las personas, las cosas, los rencores o cualquier cosa semejante, Él lo transformará en un ejemplo para los demás. Así de sencillo. Sin embargo, usted debe entregar a su amante, la mentira, el rencor, la ingratitud, la amistad indebida, el perfil falso, el orgullo, el bien al que está aferrado, la posición social y las malas manías. Si Dios se lo revela y se lo pide es por su bien, es para que mañana sea un ejemplo para otros, tanto en su hogar como en la iglesia. De esta manera, dará testimonio, no con su boca, sino con su vida y su carácter.

Observe lo que dice:

«¡Qué hermosos son sobre los montes…»  Isaías 52:7

¿Qué exigen todos los montes en común? Esfuerzo. Nadie llega a la cumbre de un monte sin esfuerzo y sin perseverancia, por eso, Jesús nos dijo que seamos fuertes y perseverantes, porque así seremos salvos. Jesús habló sobre la fuerza y la perseverancia. Cuando Él habla de montes, está hablando del Altar; el monte siempre fue un lugar de alianza entre Dios y Su pueblo.

«… los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz…»  Isaías 52:7

Aquellos que no solo predican, sino que viven lo que predican. No basta con predicar si no está en el Altar y no tiene una alianza con Dios. Si no tiene una alianza con Dios y no vive lo que predica, puede conocer y enseñar, pero sus pies no serán hermosos, porque, cuando camina, toma decisiones y habla no lo hace según la voluntad de Dios. Es este el motivo por el cual no tiene paz. Cuando nuestros pies están sobre el Altar, en comunión, en entrega, en sacrificio, aunque no seamos perfectos, tenemos paz, Dios nos bendice y nos usa para bendecir a otros.

Estamos en el comienzo del año, pregúntele a Jesús si sus pies están en el Altar o no. Si no lo están, pregúntele qué debe dejar de hacer para que estén y pueda dar las buenas nuevas.

La mejor de todas las buenas nuevas no es poner su propio negocio o ser curado, sino dejar de ser la misma persona que era antes, amargada, triste, indefinida, vengativa, adicta, hiperemotiva y demandante de cariño, para ser una persona fuerte, llena de alegría, paz y amor. ¡Parece que el mundo se volvió pequeño delante de la paz y la alegría que hay en usted! Sus actitudes muestran que está en el Altar y tiene buenas nuevas para contar y propagar con sus pasos.

«… del que trae las buenas nuevas de gozo…»  Isaías 52:7

El testimonio del bautismo con el Espíritu Santo.

«… del que anuncia la Salvación…»  Isaías 52:7

«Jesús me salvó y también quiere salvarte. Jesús me perdonó y también quiere perdonarte. Jesús me transformó y también quiere transformarte.»

«… y dice a Sion…»  Isaías 52:7

Sion es donde estaba la iglesia, representa a la iglesia.

«… ¡Tu Dios reina!»  Isaías 52:7

Yo digo: «¡Mi Dios reina!».

Obispo Júlio Freitas
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!

#IglesiaUniversal
#TemploDeLosMilagros
#DeAquíEnAdelanteTodoSeráDiferente

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– Coraza de la Justicia
– Apresto del Evangelio
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– Yelmo de la salvación
– Espada Del Espíritu

 

 

 

 

 

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