8.ª Bienaventuranza
“Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el Reino de los Cielos”. Mateo 5:10
¿A quién le gusta ser perseguido? Seguramente a nadie, porque la persecución, en su mayoría, es una injusticia. Pero, cuando seamos perseguidos, odiados, maltratados, envidiados, malinterpretados por causa de la justicia, debemos guardar nuestro corazón, nuestra mente y nuestra boca.
¿Sabía que la primera justicia que Dios espera del ser humano es que Lo veamos como Padre, Dios, Señor y Salvador? Cuando Lo vemos de esta manera, comenzamos a practicar la justicia, por ejemplo: honramos a nuestros padres; decimos la verdad; somos honestos en nuestras responsabilidades; nos volvemos disciplinados; somos humildes para aprender de nuestros errores; tenemos buenos ojos, mirando el lado bueno de las personas; aprendemos a perdonar.
Cuando practicamos la justicia comenzamos a incomodar no solo al diablo, sino a los que les gusta la injusticia; y estos, voluntariamente, empiezan a perseguirnos, criticarnos y juzgarnos. No obstante, Jesús garantizó que, si somos justos y somos perseguidos, Él nos justificará y hará justicia; y nuestros perseguidores serán liberados, transformados a causa de nuestro ejemplo, porque antes de que nosotros seamos justos, también fuimos perseguidores de los justos.
La mayor justicia es la práctica de la Palabra de Dios, porque, cuando la practicamos, cumplimos con nuestros deberes como ciudadanos, padres de familia, hijos; al contrario de los que no practican la Palabra de Dios, quienes difícilmente logran cumplir con sus deberes.
Dios permite que pasemos por injusticias para que las personas vean la diferencia entre los que practican y los que no practican la justicia.
“Pero extiende ahora Tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no Te maldice en Tu misma cara”. Job 1:11
Job fue justo y calumniado por Satanás delante del Altísimo, perdió todo lo que tenía, sin embargo, resistió, no practicó la injusticia, sino que Le ofreció un sacrificio a Dios e intercedió por sus amigos, quienes le dijeron que todo por lo que estaba pasando era un castigo de algo malo que había hecho.
“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual; que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; y que nadie peque y defraude a su hermano en este asunto, porque el Señor es el vengador en todas estas cosas, como también antes os lo dijimos y advertimos solemnemente”. 1 Tesalonicenses 4:3-6
En otras palabras, no debemos practicar la injusticia, porque cosecharemos la injusticia, a causa de nuestras acciones. Además, solo heredaremos el Reino de Dios si practicamos Su justicia aquí, en la Tierra.
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