7.ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los que procuran la Paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios”. Mateo 5:9
¿Quiénes son los que procuran la Paz?
El que procura la paz es aquel que la restablece, el que apacigua los conflictos y promueve tanto el perdón como la reconciliación, un aspecto fundamental de la paz.
Fue eso lo que hizo el Señor Jesús al entregarse en la Cruz por nuestros pecados: Él nos proporcionó la Paz con Dios, reconciliándonos con Él por medio de Su Preciosa Sangre.
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la Sangre de Cristo. Porque Él mismo es nuestra Paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…» Efesios 2:13-14
Él une en un solo cuerpo a todos los que creen en Su Nombre. Todos los que están lejos, separados de Dios, involucrados con las cosas de este mundo, de esta sociedad, como la violencia, el egoísmo, el terrorismo, la religiosidad, el adulterio, la fornicación, la idolatría, las hechicerías, las enemistades, los celos, la ira y las borracheras, pueden ser lavados por la Sangre del Señor Jesús y recibir Su Santa Presencia, Su Gloriosa Paz en su interior. Esta existe, yo la tengo.
La enemistad que había entre nosotros y el Altísimo fue cancelada por el Señor Jesús, por eso Él es denominado Príncipe de Paz (Isaías 9:6).
Ahora bien, para mantener esta Paz en cualquier circunstancia, es necesario que santifiquemos Su Santo Nombre a diario en nuestra vida, con nuestro carácter, confianza, gratitud y lealtad a Él.
Los que son hijos y siervos de Dios tienen la noble tarea de promover el Evangelio de la Paz en este mundo de guerras y conflictos, porque fuimos llamados para llevar a las personas a una reconciliación con el Todopoderoso, en la persona del Señor Jesús.
Los que se empeñen en esta Misión serán llamados hijos de Dios.
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