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11.º Enfermedad de la fe: La Ingratitud

9 de noviembre 2023

Una enfermedad que ha matado a muchos a lo largo de la historia desde que Dios creó al hombre es la ingratitud. Esta enfermedad maldita ha enfermado la fe de muchos. Muchas personas tenían todo para vivir y disfrutar de una vida bendecida en todos los sentidos, pero, por causa de la ingratitud, su fe se fue enfermando y hoy son infructíferas. Esta enfermedad hace que la fe no dé frutos. Jesús dijo que cuando algo no da frutos es cortado, pero, si los da, es limpiado para que dé más frutos:

Toda rama que en Mí no está llevando fruto, la quita; y toda rama que está llevando fruto, la limpia para que lleve más fruto” (Juan 15:2).

En el universo de los que están en la iglesia y son conocedores de la Palabra de Dios, existen personas que están en el Cielo, su cuerpo está en la Tierra con sus problemas, sus limitaciones, su humanidad, sus fallas, pero en su interior viven un pedazo del Cielo, tienen paz, alegría, amor, tienen certeza de su Salvación, vencen las tentaciones, las tribulaciones. Esas personas un día estuvieron en el infierno aquí en Tierra, como yo también lo estuve, como sucede cuando no Le hacemos caso a la Voz de Dios, a ejemplo de Adán y Eva, que fueron expulsados del Jardín del Edén porque decidieron no oír a la Voz de Dios y salieron del paraíso para vivir el infierno que se vive aquí en la Tierra.

Cuando digo infierno estoy hablando del caos en el que vivimos, nosotros estamos presenciando lo que ninguna generación presenció, nuestra generación ha presenciado más guerras que todas las otras generaciones. ¿Cómo vivir en el paraíso en un mundo tan lleno de maldad, tan lleno de pecado? Cuando usted decide oír la Voz de Dios hace el camino inverso al que hizo el ser humano cuando decidió desobedecer a la Voz de Dios y salió del paraíso y fue a vivir un infierno, es decir, la Tierra se volvió enemiga, la naturaleza, los animales, que antes se sometían y lo respetaban, ahora lo veían como a un enemigo.

Todos somos importantes para Dios, porque Él nos ha creado a Su imagen y semejanza, usted tiene la imagen y semejanza de Dios. Ahora, para recibir el Espíritu Santo, para hacerse un hijo de Dios, tendrá que hacer el camino inverso, del infierno al paraíso. ¿Cómo? Obedeciendo a la Voz de Dios.

Así como por medio de la desobediencia a la Voz de Dios el hombre salió del paraíso y fue a vivir a un infierno, a una tierra maldita, maldecido no por Dios sino por su propia desobediencia, cuando decide obedecer a la Voz de Dios hace el camino inverso y sale del infierno al paraíso acá, en esta tierra, a pesar de todo lo que estamos viendo.

El precio es poner a Dios en primer lugar, ¿cuál es el camino de regreso? Como dijo Dios en Malaquías 3:11

“Por vosotros reprenderé al devorador, para que no os destruya los frutos del suelo; ni vuestra vid en el campo será estéril —dice el Señor de los Ejércitos”.

Él reprenderá al devorador, al espíritu que causa destrucción, que devora salud, prosperidad, paz. En el versículo anterior Él dice:

Traed todo el diezmo al alfolí, para que haya alimento en Mi Casa; y ponedme ahora a prueba en esto —dice el Señor de los Ejércitos— si no os abriré las ventanas del Cielo, y derramaré para vosotros Bendición hasta que sobreabunde”.

Él dice “Bendición”, en singular, que representa al Espíritu de Dios, y dice “hasta que sobreabunde”, solo el Espíritu Santo lo llena todo, la familia, la salud, la fama, el éxito profesional y empresarial, la posición en la iglesia no lo llenan todo. Y la condición para derramar el Espíritu Santo y llenar todas las áreas de su vida es que usted Lo honre, Lo ame, Lo respete más que a los demás, Lo considere la Persona más importante. Cuando usted Lo honra en la práctica y Lo ama y Lo considera como más importante que todo y que todos Él derrama Su Espíritu, llena su vida y reprende al devorador para que no destruya los frutos del suelo. La tierra que fue maldecida y estaba siendo devorada por causa de la maldición de la desobediencia, ahora es como dice el Texto Sagrado:

“… ni vuestra vid en el campo será estéril —dice el Señor de los Ejércitos. Y todas las naciones os llamarán bienaventurados, porque seréis una tierra de delicias —dice el Señor de los Ejércitos”.

La tierra maldita, fea, que no produce, donde hay catástrofes, guerra, miseria, inflación, se vuelve una tierra bendecida para aquellos que honran a Dios en primer lugar. Es el camino inverso, del infierno al paraíso, y es la elección de cada uno.

Vea lo que dice la Palabra de Dios en Romanos, capítulo 1, del versículo 18 al 23:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad…” 

Resumiendo: INGRATITUD.

¿Qué hizo Dios para que el hombre no Le obedeciera? Nada. ¿Qué hizo Dios para que el hombre no Le confiara su presente y su futuro? Nada. ¿Qué hizo Dios para que el hombre Lo desconsiderara? Nada. Dios le daba todo, Dios le daba Su Amistad, Su Atención, de todo lo mejor. El hombre estaba bendecido, solo conocía el bien, pero, por causa de esta enfermedad llamada ingratitud, por no querer desagradar a la esposa, fue y comió del fruto y contaminó su fe. La ingratitud ha enfermado a muchos, esta fe enferma de ingratitud, como dice el Texto Sagrado, despierta la ira de Dios contra la impiedad y la injusticia. La persona ingrata se vuelve impiadosa, injusta, no tiene piedad ni por su alma, ¡imagínese por el alma ajena! Ve al prójimo como si fuera un objeto.

“… porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente…” 

Todo ser humano, aunque diga que no cree en Dios, mira el universo, mira la naturaleza, mira lo que está escrito sobre las profecías de los últimos tiempos que estamos viendo cumplirse, como el calentamiento global, las guerras, las pandemias, la sequía, el hambre, el avance de la tecnología, la ciencia super avanzada, el chip, todo se cumple cabalmente, perfectamente, solo no lo ve quien no quiere verlo. Hay quien dice que es una “fuerza superior”, y ese es el peor ciego que no quiere ver. No estamos hablando de iglesia ni de religión, sino de hechos.

El ser humano es ingrato, disfruta del oxígeno que no paga, de la naturaleza, de la vida animal, de la vegetación, de la Tierra, y no Le da las gracias a Dios y encima destruye todo. Esto hiere profundamente a Dios y se llama INGRATITUD.

¿Qué es lo que más le molesta a un padre de su hijo después de la desobediencia? La ingratitud, que se olvide de quién lo limpió, lo alimentó, que se olvide de que está vivo porque ha sido cuidado. El ser humano es así, se olvida del Creador que le proveyó todo.

“Porque desde la creación del mundo, Sus Atributos Invisibles, Su Eterno Poder y Divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa”.

No hay excusa para decir “no creo”, “no voy a honrar a Dios en primer lugar”, “Él no merece mi consideración”, “Él no merece mi confianza, mi amor…”. Dios Lo merece todo, y usted no tiene nada que perder si Lo ama, si Le es fiel, por lo contrario, solo tiene para ganar. Todos en común necesitamos algo de Dios: Su Perdón. Mucha gente piensa: “yo necesito salud”, “yo necesito prosperidad”, “yo necesito familia”, sí, Dios creó todo eso, pero también necesitamos Sus Atributos Invisibles como perdón y misericordia.

En la cruz, Jesús le hizo una petición a Juan que demostró gratitud: “Cuida a María”, fue agradecido con un ser humano que se dejó usar por Él para que viniera al mundo. Uno de los atributos del carácter se llama gratitud. La persona ingrata es peligrosa para ella misma, porque se corrompe fácilmente, se deja influenciar por las circunstancias. La persona agradecida tiene algo llamado lealtad. Si el ser humano no Le es leal a Dios no tiene lo más importante, que es la comunión con el Señor que le va a revelar los Atributos Invisibles.

“Pues aunque conocían a Dios, no Le honraron como a Dios ni Le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”. 

Cuando la persona es ingrata, esta enfermedad maldita se arrastra sobre su fe y ella no ve lo mucho que ha recibido de Dios, solo ve lo que le falta recibir. No permita que esta enfermedad lo convierta en una persona necia con el corazón entenebrecido.

“Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la Gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”.

En otras palabras, el ser humano se vuelve un animal irracional cuando no es agradecido con el Señor. Deja de ser ese hombre que fue creado a imagen y semejanza de Dios para vivir atendiendo a sus instintos, a sus deseos, a sus inclinaciones, y eso hiere a Dios profundamente.

Cuidado, todos podemos ser víctimas de esta enfermedad llamada ingratitud.

¡Nos veremos en la IURD o en las Nubes!

Obispo Júlio Freitas

#AvivamientoUniversalAmericaDelSur
#Eia!!!

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