¿Qué tengo que hacer para vivir el “Todo Nuevo”?
Cuando escuchamos hablar de los Diez Mandamientos, es fácil pensar directamente en reglas, normas o prohibiciones. Sin embargo, si nos enfocamos en eso, nos perdemos lo más importante.
Porque antes de dar un solo Mandamiento, Dios Revela algo que cambia completamente la perspectiva:
Yo Soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto… Éxodo 20:2
Esto no es una simple introducción, es el Fundamento de todo lo que viene después. Dios no empieza exigiendo, empieza Revelándose.
Primero afirma Quién es Él: “Yo Soy el Señor…”. El Creador, el Todopoderoso, el Padre Celestial. Él NO es:
• Una idea.
• Una religión.
• Una filosofía.
• Un cuento.
• Una denominación.
• Un estilo de vida.
• Una tradición.
• Una historia.
• Un anciano olvidadizo de barba larga, sentado en un trono en el Cielo, durmiendo.
Él es Alguien Celestial, Real:
• Que siente (alegrías y tristezas).
• Que ama.
• Que hace justicia.
• Que perdona.
• Que habla.
• Que transforma.
• Que libera.
• Que se relaciona.
• Que fortalece.
• Que Salva.
Él Quiere actuar en nuestras vidas, pero, sobre todo, Quiere Vivir en nosotros; y esta es la prueba.
Luego lo hace personal: “… tu Dios…”. Acá el Señor Dios está Revelando que Desea tener una relación directa con nosotros, no simplemente dándonos Sus Instrucciones, sino siendo nuestro Dios, Señor, Padre, Libertador y Salvador.
Y finalmente recuerda y pone énfasis en lo que hizo: “… te saqué de la tierra de Egipto…”. Egipto no era solo un lugar geográfico, representaba esclavitud, humillación, opresión, dolor, injusticia, muerte y sufrimiento.
En otras palabras, una vida sin libertad ni posibilidad de cambiar, el infierno en la tierra, porque nacían, crecían y morían como esclavos. Estar en Egipto era vivir bajo una opresión constante, sin descanso, sin perspectiva de vida, sin esperanza real de salir de esa situación.
Y es ahí donde Dios Intervino. No porque el pueblo fuera especialmente fuerte o lo mereciera, sino porque Él Decidió actuar en su favor, como le había Prometido a Su amigo Abraham. Dios Sabía que sus descendientes Lo ignorarían y el mal (los demonios) usaría a los malos para dominarlos.
Grabá esto: antes de que los malos o el mal nos dominen, nosotros permitimos que nuestra propia voluntad nos domine.
Esto es clave para entender los Mandamientos:
Dios no se los dio a personas esclavizadas y oprimidas para imponerles más carga, sino a personas liberadas y listas para practicarlos, buscando enseñarles a hacer Su Voluntad y a vivir en libertad.
Primero hubo un clamor por perdón, liberación y reconciliación. Dios Manifestó Su Misericordia, Perdonó a los sinceros y los Liberó; luego les dio Dirección por medio de los Mandamientos, Revelando en Su Palabra una nueva forma de vida que protegiera esa libertad.
Por eso este inicio de los Diez Mandamientos es tan importante. No es un detalle menor, es lo que le da sentido a todo lo demás. Los Diez Mandamientos no son una lista para ganarse el Favor de Dios, sino una guía para vivir una vida libre, nueva y segura, como alguien que ya ha sido Alcanzado, Liberado, Perdonado y Comprado por la Sangre del Cordero de Dios.
Cuando Dios Dice “no hagas…”, está probando que siempre tenemos la libertad de hacer Su voluntad o la nuestra. Él no nos está limitando, nos está Enseñando cómo no volver a una forma de vida que nos esclavice de nuevo.
El Señor Jesús, Enviado por el Padre, lo Expresó de una forma muy clara miles de años después:
Si Me amáis, guardaréis Mis Mandamientos. Juan 14:15
Entonces, los Mandamientos no empiezan con lo que hacemos, sino con Quién es Dios para nosotros y cómo nos relacionamos con Él: como alguien lejano (conocido), cercano (amigo) o íntimo (hijo). Y esa diferencia lo cambia todo.
En el Evento “Todo Nuevo”, en el microestadio de Lomas de Zamora, les dije a las más de seis mil familias presentes que no es suficiente tratar de empezar una nueva vida para después acercarnos a Dios. Para vivir todo nuevo, es necesario estar decidido a tener una relación con Él como Padre e hijo.
Y Habló Dios todas estas Palabras, Diciendo: Yo Soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. Éxodo 20:1-2
Hacé un autoexamen de acuerdo con lo que Dios te Habló hoy a través de este mensaje y compartíselo a alguien que también necesite leerlo.
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas



