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¿Qué pedir al Padre?

1 de abril 2026

¿Qué pedir al Padre?

Al acercarnos al Padre Celestial, es importante evaluar qué Le estamos pidiendo. Por eso, más que enfocarnos en lo externo, pidámosLe:

  • Un corazón rendido y obediente, dispuesto a ser moldeado por Él.
  • Una fe pura y real, que no sea de apariencia o fingida.
  • Un carácter firme, que se mantenga íntegro en todo lugar: en casa, en la iglesia y en el trabajo; que no se corrompa ni sea inestable.

Porque lo que verdaderamente provoca una transformación de vida no es tener una religión, pertenecer a una denominación ni adoptar una filosofía de vida, sino lo que Dios hace en nuestro interior.

¿Y por qué debemos pedir esto? Porque el propósito de Dios comienza dentro de nosotros. Él permite que atravesemos luchas, pruebas y tribulaciones con el fin de capacitarnos y convertirnos en testigos Suyos.

Como resultado de ese proceso, la transformación interior se vuelve visible hacia el exterior. Quienes nos rodean comienzan a notar algo diferente: una esencia que impacta no solo con palabras, sino con el propio testimonio.

Ahora bien, en ese camino de transformación, vivimos momentos difíciles y dolorosos, pero todo lo que Él hace tiene un propósito: nuestro bien y crecimiento.

Porque la realidad es esta: Dios no siempre cambia a las personas ni las circunstancias; muchas veces, Él quiere cambiarnos a nosotros:

• Para que aprendamos a mirar, pensar, hablar y actuar de una manera distinta con nuestros familiares: en nuestro matrimonio, como padres e hijos.

• Para que podamos enfrentar los desafíos de la vida con seguridad y vivir en paz con nosotros mismos.

Por eso, aun en medio de las dificultades, entendamos que estamos siendo disciplinados y formados, porque Él quiere que seamos hijos legítimos, verdaderos.

Como dice la Escritura:

Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Hebreos 12:7-8

Dios no es injusto. Así como nos corrige, también, si somos obedientes a Su Voz y nos mantenemos en la fe con un carácter inquebrantable, Él nos justifica y nos bendice para la Gloria de Su Nombre:

… pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidad. Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia. Hebreos 12:10-11

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas