No vale la pena
Me gustaría que sepas que el Señor Jesús enfrentó cada uno de los sentimientos más devastadores que pueden destruir el alma humana, y lo hizo sin caer en rencor ni odio. Esa victoria es el fundamento de nuestra esperanza y también un llamado a la vigilancia espiritual.
El Señor Jesús combatió y venció los sentimientos devastadores del alma como:
– Ser malinterpretado por los líderes religiosos.
– La traición de Judas.
– El abandono de Sus Discípulos.
– El juicio injusto de las autoridades.
– La discriminación de Su propio pueblo.
– La agresión física y verbal.
– La prisión.
– La humillación.
– Y la condena a la muerte más terrible: la cruz.
Todo eso Siendo Perfecto en absolutamente todo.
Basta uno solo de estos golpes para devastar el alma de cualquier ser humano, llenándola de rencor, bronca, amargura, resentimiento u odio. Pero el Señor Jesús no permitió que ninguno de estos sentimientos lo gobernara. Él guardó Su Corazón (Alma) en perfecta obediencia al Padre, dejándonos el ejemplo de que también podemos hacer lo mismo. Porque siendo Él Perfecto, y pudiendo hacer juicio contra todos, no lo hizo; mucho menos nosotros, siendo imperfectos, debemos permitir que algún sentimiento ensucie nuestro corazón (alma):
“Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”. Proverbios 4:23
– El corazón es el campo de batalla donde se decide si vivimos en libertad o en esclavitud emocional y espiritual.
– Guardar el corazón significa no permitir que los sentimientos fatales, como odio, resentimiento y amargura se conviertan en raíces que nos aparten de Dios.
– Jesús nos mostró en la práctica que es posible vencerlos con perdón, obediencia y aceptación de la Voluntad del Padre.
- “El rencor es un veneno que uno mismo bebe esperando que muera el otro”.
- “Quien guarda resentimiento cava dos tumbas”.
- Proverbio hebreo:
“El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos”. Proverbios 17:22
Así como Jesús venció cada sentimiento devastador, nosotros también debemos aprender a guardar nuestro corazón. No con nuestras fuerzas, sino con temor del Espíritu Santo, que nos capacita para perdonar, amar y vivir libres de la amargura.
Y ahora te pregunto: ¿Cómo está tu corazón?
Si tu respuesta es: “Limpio, no guardo ninguna amargura dentro de mí”, hacés bien y vas por buen camino.
Pero si tu respuesta es: “Sucio, no logro perdonar”, entonces te estás haciendo daño a vos mismo y tu Salvación corre peligro. Y por eso no vale la pena.
Tomá la decisión hoy mismo de no guardar ese resentimiento y de liberar tu corazón de ese sentimiento que te tiene atrapado y te destruye.
¡Nos vemos en breve, en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas



